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sábado, 9 de junio de 2018

LA PIEDRA EN SECO VUELVE A COBRAR PROTAGONISMO EN LAS TIERRAS DEL PALANCIA

El Molí Nou de Quartell en el Camp de Morvedre, con una exposición itinerante sobre la Pedra Seca en Vilafranca del Cid, y un Taller de piedra seca en Altura dentro de las III Jornadas EcoRurales del Alto Palancia tratan de poner en valor esta técnica constructiva ancestral

Desde el viernes 1 de junio hasta el día 20 de julio, el Molí Nou de Quartell acoge, en el horario habitual del Molino, una muestra itinerante del Museo de la Piedra en Seco de Vilafranca de Cid, una exposición , que permitirá conocer mejor la arquitectura de la piedra en seco, uno de los patrimonios culturales más importantes de esta población de la Alt Maestrat.

La piedra en seco refleja las formas de vida anterior al municipio castellonense. Con un clima frío y una orografía montañosa, la necesidad de suelo agrícola hizo que durante siglos se haya extraído de sus tierras grandes cantidades de piedra. Así, Vilafranca cuenta con centenares de kilómetros de paredes, casetas, pozos, balsas y todo tipos de construcciones de piedra que han servido a los habitantes de la zona por resguardarse del frío, la lluvia y la nieve.

En el Molí Nou se podrá conocer esta técnica de construcción tanto en este rincón del Maestrat como otras partes de Europa, y se podrán ver algunas maquetas de diferentes construcciones de piedra en seco. Además, con motivo de esta exposición se puede adquirir, por el precio de 20 euros, el libro Els Homes i les pedres: la pedra seca a Vilafranca: un paisatge humanitzat.

La técnica de la Piedra en seco y su utilización y recuperación en el Alto Palancia

La piedra seca es una técnica constructiva que se caracteriza por utilizar la piedra como único material de construcción, sin morteros, ni agua, tradicionalmente empleada en la construcción de elementos vinculados al desarrollo de las actividades agrícolas y ganaderas, con gran diversidad tipológica: ribazos, casetas, aljibes, pavimentos... 


Cuando se emplea la palabra tecnología parece venir siempre relacionada con un alto coste energético y ecológico, porque no estamos acostumbrando a hacer un uso muy limitado de esta palabra. La etimología de la palabra griega τεχνολογία, se puede traducir como Estudio de la técnica o del oficio, o según la definición del diccionario, Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico (RAE).

La principal virtud de la técnica constructiva de la piedra seca es precisamente su alta capacidad para resolver problemas o necesidades funcionales mediante el uso de un único material cercano, natural, reutilizable y no energívoro. Pocos recursos y mucho ingenio permiten que un conjunto de rocas pase de ser un simple amontonamiento de piedras a funcionar como un sistema que trabaja conjuntamente, simplemente colocando cada piedra de manera correcta. Oficio y poco impacto ambiental para conseguir soluciones altamente eficaces, también ecológicamente.

La estabilidad y resistencia de los elementos construidos depende de la correcta colocación de cada piedra. Entendiendo las propiedades de las rocas y algunas nociones estructurales sobre cargas y esfuerzos, se comprende el trabajo conjunto de todas las piedras para conseguir el objetivo común de transmitir las cargas hasta el suelo.

A pesar de la interesante variedad de elementos constructivos que se han ido diseñando a lo largo de los siglos, con funciones tan diferentes como impermeabilizar o contar las cabezas de ganado, llamam mucho la atención los "navajos" o aljibes, por su gran desarrollo tecnológico para las funciones de recogida  del agua de la escorrentía. Según el Diccionari de l'Art i dels Oficis de la Construcció, de Miquel Fullana, los aljibes son dipòsits excavats en terra o fets d'obra, generalment de forma rectangular, de no molta fondària i coberts de volta, que serveixen per recollir-hi l'aigua de pluja. Esta definición explica la tipología más abundante, aunque existen variaciones formales según las condiciones particulares del lugar donde se construyen.

La recogida del agua de lluvia, requiere un depósito para guardarla, una entrada para el agua y una cubierta de protección ante los cambios de temperatura y la caída de vegetales y animales que pudrirían el agua, y de esto se deriva la forma y construcción del elemento. El agua de lluvia se puede recoger desde la cubierta o de la escorrentía. En el primer caso, un recinto rectangular permite una cubierta semicilíndrica, más eficiente para la captación, y por eso suelen estar cubiertos con bóveda de cañón. En el segundo caso, los depósitos suelen ser circulares y las cubiertas son cúpulas semiesféricas. Los recintos circulares son los más habituales en general, no tanto en los aljibes, porque el hecho de no tener que realizar cantoneras facilita mucho su ejecución. Cuando el agua viene de escorrentía, siempre hay una apertura de entrada a ras de suelo, que puede ser la misma entrada al navajo (con escalones) o bien, un pequeño orificio en la parte posterior. En ambos casos, esta entrada se protege con aliagas para retener los cuerpos extraños y preservar la pulcritud del agua. En el exterior es habitual encontrar abrevaderos cerca de las entradas y, en ocasiones, también rebosaderos y respiraderos.

Aunque a veces se encuentra mortero de cal entre las piedras, realmente no es necesario para su estabilidad, de hecho las piedras se colocan del mismo modo que si se aparejan en seco. La piedra siempre tuvo función estructural y el mortero de cal complementaba o aumentaba esta resistencia, hasta la aparición del cemento, momento en el que se invierten las funciones. Cuando se descubre el rápido fraguado (endurecimiento inicial) del cemento, este material se considera estructural y la resistencia de la construcción depende de él, dejando a la piedra función sólo decorativa. Pero el hecho de que su fraguado sea más rápido- la ejecución de la obra avanza más rápidamente y se ahorran costes- no significa que sea un material más resistente ni adecuado, sólo más barato. Con el paso de los años, la cal adquiere cada vez más dureza, y a largo plazo, se convierte en piedra caliza.

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Apertura posterior vista interior. Recinto interior
  <=  Entrada: Paredes sin revocar 
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Los recintos interiores no suelen ser muy profundos, porque no hay que buscar el agua del subsuelo, como pasa en los pozos, y deben ser impermeables para mantener el agua. Existen dos maneras de conseguir esta impermeabilización: revocando el interior con cal o arcilla, o bien, semienterrando los recintos en el terreno si es arcilloso, como es el caso de algunos de los navajos de Altura, por el carácter impermeable de este material. De un modo u otro, las paredes del recinto se construyen de piedra seca, así como los orificios, escalones o cubiertas. La piedra utilizada en seco contiene el talud de tierra arcillos. Es esta la que garantiza la impermeabilidad.

En la localidad castellonense de Altura se encuentran algunos aljibes de doble recinto o, como allí se denominan, "navajos", conformados por dos depósitos comunicados entre sí mediante una apertura interior. La ventaja de esta tipología, respecto de un navajo de la misma capacidad pero de un sólo recinto, es la mayor facilidad para construirlo, sobretodo para realizar la cubierta. Cuanto mayor diámetro se tiene, más altura debe alcanzar la cubierta y más riesgo de colapso presenta.



El uso de la palabra Navajo para referirse a los aljibes que recogen el agua de la escorrentía se utiliza en Altura casi exclusivamente, además de ser el término municipal donde mayor cantidad de aljibes se encuentran en el Alto Paalancia. Y estos dos hechos responden a su peculiar historia, ya que Altura ha vivido tradicionalmente de la ganadería y la agricultura de secano. Cuando se perforó el acuífero de El Berro, y parte de la agricultura más cercana al núcleo urbano se volvió de regadío, casi se olvidó que el recurso del agua fué, para este municipio, algo complicado de obtener. De esta necesidad y de la importancia atribuída al agua, surgió la profusión de navajos en el término y la existencia de una palabra propia.

En función del grado de abandono de la agricultura, de la ganadería y de sus territorios asociados, se va perdiendo también del oficio de paredar. Hace décadas empezaron a crearse asociaciones culturales para la recuperación de los elementos de piedra seca abandonados. Durante muchos años la labor principal ha consistido en hacer inventarios de los elementos que aún quedaban en pie, incluso se empezaron a reconstruir aquellos que se habían deteriorado por falta de mantenimiento. Actualmente se evidencia la infructuosidad de este trabajo de recuperar para volver a perder porque, ante la gran abundancia de ejemplares, es imposible que las instituciones, sean públicas o privadas, se hagan cargo de su mantenimiento. Por otro lado, la falta de oficio ha provocado que ciertas intervenciones de recuperación en elementos concretos los hayan dañado más que su abandono.

La recuperación del oficio se está produciendo de manera individual, todavía no se ha creado una formación reglada que permita obtener una titulación de paredadora, a pesar de que en ciertos países europeos ya existe, englobada en una formación más general sobre oficios tradicionales. Es el caso que se encuentra en la región del Midi (sur de Francia) donde una nueva generación de constructores en piedra seca comienza a vivir honorablemente de este oficio. Recientemente, se ha presentado a la UNESCO la candidatura para declarar la técnica como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Por otro lado, se empieza a utilizar la piedra seca en ámbitos urbanos, como parte del tratamiento de los espacios públicos en las ciudades o pueblos, pero este uso es muy minoritario y reciente.

La tecnología ancestral de esta técnica constructiva está silenciosamente escondida en cada elemento construido y sólo se puede mantener, sin que caiga en el olvido, si no se pierde el oficio de paredador. Pero se plantean dos cuestiones contradictorias ante esta posible recuperación del oficio: para qué y dónde. Al caer en desuso esta técnica, se empiezan a emplear otros materiales, aunque no siempre resulten convenientes. ¿Si no hay trabajo, para qué recuperar el oficio? Por otro lado, aunque se empezará a usar en ámbitos urbanos, donde no existe esta materia prima, ¿qué coste supondría esta preservación del patrimonio inmaterial? Las dos cuestiones van ligadas a una misma pregunta: ¿si no se recuperan las actividades agrícolas y ganaderas, que futuro real tendrá la piedra seca? ¿Qué futuro tendremos sin agricultura ni ganadería? ¿Y sin agua?

Para aquellos que estén interesados en estos temas, está prevista la realización de un Taller de piedra seca en Altura, enmarcado dentro de las III Jornadas Ecorurales del Alto Palancia, complementado por la tarde con un debate sobre el futuro de la piedra seca, que será impartido por los componentes de la Asociación Cultural de El Cantal en fechas por concretar.
Fuente: El Periódico de Aquí / Loli Vera - El Eco del Palancia

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