Fuente la Reina se ha convirtió hace unos días en la capital del esparto por una jornada. La Mancomunidad del Alto Palancia ha recuperado las técnicas tradicionales del trenzado del esparto, a través del Plan para la Interpretación y la Mediación Territorial del Patrimonio (Pimtepa),
para mantener el legado de la tradición de un oficio en vías de
extinción. La experiencia ha desbordado a la organización, que se vio
obligada a cerrar las inscripciones ante el elevado número de
solicitudes.
El taller fue impartido por Amparo Calero,
una artesana y artista que domina las técnicas ancestrales del arte del
esparto. Las personas asistentes pudieron conocer los rudimentos del
trabajo artesano y aprendieron las técnicas básicas para realizar la
trenza base y coserla para confeccionar elementos de uso cotidiano hasta
hace solo unas décadas, como es el caso de los cestos, esteras, serones
y capachos.
La jornada se desarrolló inicialmente en el Hogar del Jubilado, aunque las labores de trenzado se trasladaron hasta la plaza de la Iglesia,
donde se fue uniendo el vecindario. Una persona mayor mostró unas alpargatas de su abuelo que conserva como un recuerdo familiar y
vestigio de la cultura popular del siglo pasado, cuando la manufactura
del esparto representaba una actividad económica destacada en el mundo
rural, más allá de la simple artesanía, mediante la elaboración de
cestas, alpargatas, arpilleras y sogas. La universalización del plástico
para todo tipo de enseres domésticos acabó con la rentabilidad y la
viabilidad de la industria del esparto.
La satisfacción de las
personas asistentes suscitó el interés por la realización de un
nuevo taller, con el fin de complementar las enseñanzas de esta primera
sesión. Además, se está promoviendo la creación en Fuente de la Reina
de un grupo dedicado a tejer esparto, de manera que la experiencia
puntual que se ha realizado se extienda en el futuro. Una iniciativa que
permitiría buscar nuevas salidas a la artesanía, incluso, económicas.
Amparo Calero
se diplomó en Ciencias Empresariales, pero decidió reorientar su
actividad a la recuperación de saberes ancestrales, en concreto a la
artesanía de fibras vegetales (esparto, enea y rejilla), que le han
otorgado reconocimiento en el ámbito de la Comunidad Valenciana. Calero participará en julio, junto a Lucía Loren, en la instalación ‘Tramas acuáticas: flujos e hilazas’ que se podrá ver en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), en el marco del aniversario de la protección ambiental de la Albufera como parque natural.
EN BEJÍS, SE CONFECCIONA UN MURAL CERÁMICO
Por su parte, en Bejís un grupo de quince participantes participaron durante los días 16 y 17 de mayo, para arrancar la primera fase del Taller para la
construcción colaborativa de un mural cerámico sobre Bejís, una de las
actividades estrella de las II Jornadas Neobosque.
La
cita se convirtió en un ejercicio de
memoria compartida y de oficio aprendido sobre la marcha. Al frente, la
profesora Clara Boj, de la Universitat Politècnica de València, y
Verónica Boj, ceramista, que guiaron a los asistentes en el diseño
colaborativo, en las primeras pinceladas de arcilla y en la creación de
las primeras baldosas. El lugar –el taller cerámico habilitado en el
viejo matadero– no podía ser más simbólico: un espacio que antaño fue
despiece y faena, ahora convertido en fragua de creación colectiva.

La
premisa era tan sencilla como hermosa. Cada participante acudió con una
fotografía, un objeto natural o un recuerdo personal vinculado a algún
lugar o historia concreta de Bejís: un paraje escondido, una calle con
solera, la fachada de una vivienda querida. Esos fragmentos íntimos,
esas imágenes que solo los vecinos reconocen, serán la materia prima del
mural. En él no se tratará de copiar postales turísticas, sino de plasmar la vida real del pueblo, la que guardan
los álbumes familiares y las conversaciones en la plaza.
La
actividad fue completamente gratuita gracias a la colaboración de la
Universitat Politècnica de València, que aportó materiales y
herramientas, el grupo de ceramistas de Bejís, la organización Oriwa y
el Ayuntamiento de Bejís . La organización ha querido agradecer
especialmente a Clara Boj y a Verónica Boj su dirección entusiasta y
paciente, porque enseñar a unos quince novatos a manejar la barbotina,
las estrías y el esmalte no es tarea menor.
El
taller no terminó ese día. Durante varios fines de semana se van a ir completando las distintas fases –diseño final, cocción, esmaltado– y las
nuevas fechas se anunciarán próximamente según el avance de los
trabajos. El gran estreno llegará en otoño de 2026, cuando el mural
terminado se instale en una ubicación aún por determinar del municipio.
Será entonces cuando Bejís pueda pasear y reconocerse en cada azulejo,
en cada rincón de barro cocido.
En
tiempos de despoblación y memoria frágil, un mural hecho con las manos
de los vecinos no es solo un adorno. Es un acto de resistencia, una
forma de decir que Bejís sigue aquí, con sus calles, sus historias y sus
ganas de contarlas en cerámica.