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lunes, 17 de noviembre de 2025

VARIOS COLECTIVOS Y EL AYUNTAMIENTO DE SAGUNTO SOLICITAN EL REGRESO A LA CIUDAD DE LOS MURALES DEL HOSTAL DE LA CASTELLONA

Las pinturas medievales que Sagunto0 pide a la diputación fueron hallados de forma casual tras un bombardeo de la Guerra Civil, y pudieron ser salvados en 1946, pero llevan años en un almacén

Unas pinturas murales medievales encontradas tras un bombardeo llevan casi 80 años fuera de Sagunto, salvo un leve paréntesis, aunque el ayuntamiento intenta ahora recuperarlas, como piden el Centre d’Estudis Camp de Morvedre y otras entidades culturales.

El conjunto pictórico fue descubierto en el antiguo Hostal de la Castellona, un edificio situado cerca de la actual estación de tren que antes había sido casa señorial de los Vives de Canyamàs. La metralla arrancó parte de la capa de cal que ocultaba las escenas, dejando ver fragmentos de una representación de la Última Cena datada entre los siglos XIII y XV. Sin embargo, el hallazgo fue tan fortuito como acuciante: las obras estaban ya muy dañadas y con riesgo de desaparecer.


En 1946, el restaurador Luis Roig decidió extraerlas mediante la técnica del strappo, separándolas del muro original y dividiéndolas en cinco fragmentos de más de tres metros y medio de largo. En concreto las colocó en un nuevo soporte compuesto por unas telas, un tablero de madera y un bastidor.

Estas obras fueron depositadas en el Museo de Bellas Artes San Pío V y, desde allí, llegaron a viajar a Sagunto en 1979 para una exposición temporal, como se recoge en el número 16 de la revista Arse del Centro Arqueológico saguntino. Ya el 26 de enero de 2022 se trasladaron a los almacenes de Patrimonio Artístico de la Diputación de Valencia, donde continúan hoy sin haber recibido más tratamiento.

A la hora de explicar la relevancia de esta obra, la restauradora y profesora de esta disciplina de la Universitat Politècnica de València (UPV), Lucía Bosch Roig. nieta del restaurador original, es clara. «Estamos hablando de una pintura que pertenecía a un edificio emblemático, en uno de los caminos principales de la ciudad. Forma parte de la historia local y devolverla a Sagunto supondría poner en valor el patrimonio de la ciudad, darlo a conocer a sus vecinos y garantizar que no continúe deteriorándose en un almacén. Su exposición, con las condiciones de conservación adecuadas, permitiría tanto proteger la obra como reforzar la identidad cultural de la comarca».

Tras analizar todo el trabajo que realizó el restaurador Luis Roig y plasmarlo en el número 71 de la revista Braçal, que edita el Centre d’Estudis del Camp de Morvedre, la especialista afirma que los bombardeos de 1938 dejaron grandes lagunas y pérdidas, al mismo tiempo que revelaron el mural oculto. La metralla hizo que parte de esa capa de cal se desprendiera, dejando ver fragmentos decorativos, pero a la vez provocando enormes daños. El arranque fue la mejor solución para salvar lo que quedaba, aunque la propia técnica de extracción supuso un estrés añadido que también generó pérdidas. Los traslados posteriores y el almacenamiento en diferentes lugares pudieron influir en su estado, aunque no se tienen datos precisos para valorar su impacto.

Ante el valor de las piezas, el alcalde, Darío Moreno, pidió su cesión  al presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, en la reunión que mantuvieron a finales del pasado mes de junio. Aquella demanda sigue a la espera de respuesta, como han confirmado fuentes municipales, a pesar de que el ayuntamiento se ofreció a asumir el coste de la restauración y encontrar un lugar de exposición.

El presidente del Centre d’Estudis del Camp de Morvedre, Lluís Alcaide, también reivindica tanto una intervención urgente como esa cesión que cerraría un círculo histórico y simbólico: El regreso de un patrimonio oculto que aún espera recuperar su lugar en la memoria colectiva de Morvedre.

Fuente: Levante EMV 

sábado, 23 de noviembre de 2024

EL MINISTERIO DE CULTURA ADQUIERE EL RETABLO BARROCO DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE LA CARTUJA DE VALLDECRIST

El Ministerio de Cultura adquirió en octubre por un importe de 90.000 euros por medio de oferta de venta directa, el retablo de "San Martín compartiendo la capa con el mendigo" de Juan Ribalta, para el Museo de Bellas Artes de Valencia. A este mismo museo va a ir otro óleo de la ‘Santa Faz’, declarado Bien de Interés Cultural en 2020, que se incorpora así a las colecciones públicas estatales con una inversión de 320.000 euros.
 
El Ministerio de Cultura adquirió en el mes de octubre la pintura al oleo ‘San Martín compartiendo su capa con el mendigo’ del pintor valenciano Juan Ribalta. La obra fue adquirida por un importe de 90.000 euros por medio de oferta de venta directa, y ha sido destinada al Museo de Bellas Artes de Valencia, museo estatal de gestión transferida a la comunidad autónoma.

Cabe recordar que el Museo de Bellas Artes de Valencia posee una importante colección de pintura de española del siglo XVII. Y ahora, gracias a esta donación, podrá con este cuadro mostrar de una forma más completa esta época de creación barroca centrándose en las primeras décadas del siglo.

La obra ‘San Martín compartiendo su capa con el mendigo’ fue concebida como pintura principal del altar mayor de la Iglesia Primitiva de la Cartuja de Valldecrist de Altura (Castellón), monasterio que sufrió gran deterioro y expolio tras su desamortización en el siglo XIX.

En esta pintura se representa la escena en la que Martín de Tours, un soldado del ejército romano ofrece la mitad de su capa a un pobre aterido de frío con quien se cruza en su camino. En este caso, esta iconografía, recurrente en la representación de San Martín a lo largo de la historia, es pintado en honor del rey Martín el Humano, fundador de la Cartuja de Valldecrist en 1385.

El autor del lienzo, Juan Ribalta (Madrid, 1596/1597-Valencia, 1628), es uno de los artistas españoles más notables del siglo XVII quien, aunque nacido en Madrid, se trasladó a Valencia siendo niño y aprendió la técnica pictórica en los talleres de su padre, Francisco Ribalta. Inició muy temprano su trayectoria cuando en 1615, con tan sólo dieciocho años, realizó para el Monasterio de San Miguel de los Reyes la tela ‘Los preparativos para la Crucifixión’ que hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes de Valencia. Su obra también formó parte de las colecciones reales y el Museo Nacional del Prado conserva alguna de ellas. Sin embargo, su temprana muerte truncó su carrera.

Este ‘San Martín’ correspondería a la etapa de madurez del pintor, alrededor de 1620, durante la que desarrolló una notable actividad junto al taller de su padre en los territorios de la antigua diócesis de Segorbe, tanto en la capital como en otras localidades como Andilla. Esta pieza supone una obra de gran relevancia para el arte español de esa época y, en concreto, de gran interés para comprender la evolución del arte valenciano del Barroco.
 
Cabe recordar que este retablo ya fue subastado anteriormente en el año 2014 y 2023 en Granada y Valencia respectivamente, y pese las solicitudes de la Asociación Cultural Cartuja de Valldecrist  a la Consellería de Cultura del gobierno valenciano para que se hiciesen con la titularidad de la tabla a fin de evitar que esta obra del patrimonio disperso de la Cartuja de Valldecrist recayera en manos privadas, la petición fue desestimada en ambas ocasiones.
 
La adquisición de esta obra ahora se enmarca en la línea de trabajo del Ministerio de Cultura encaminada a enriquecer y completar el patrimonio cultural español. En los últimos meses, ha adquirido bienes para las colecciones públicas estatales, con destino a distintas instituciones museísticas repartidas por el territorio.
 
Entre las más destacadas,  y que también va a llegar al Museo de Bellas Artes San Pio V está el óleo de la ‘Santa Faz’ de Francisco de Zurbarán, un óleo declarado Bien de Interés Cultural en 2020, que ha pasado a propiedad pública mediante oferta de venta directa por un importe de 320.000 euros. 
 
La pintura corresponde a un tema del que Zurbarán (Fuente de Cantos (Badajoz), 1598-Madrid, 1664) realizó distintas versiones a lo largo de su vida: el paño de Verónica, reliquia en la que, según la tradición cristiana, quedó impreso el rostro de Cristo al usarlo la santa para limpiar a Jesús en una de sus caídas camino del Calvario. En concreto, se han identificado cuatro réplicas pintadas por el propio Zurbarán entre 1630 y 1635. La obra adquirida, fechada en 1631, es una de ellas.

Otra pieza destacada es la escultura ‘Éxtasis de la Magdalena’ de Luisa Roldán para el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid; o ‘La procesión de gigantes en Bruselas el 31 de mayo de 1615’, del pintor bruselense David Noveliers para el Museo Nacional del Prado. 
 
El pasado año, el Ministerio de Cultura duplicó la inversión en compra de bienes culturales para las colecciones públicas, hasta alcanzar los 14 millones de euros y las 200 adquisiciones. 
 
Fuente: Ministerio de Cultura

martes, 5 de julio de 2022

NUEVA PIEZA RECUPERADA DEL PATRIMONIO DE VALLDECRIST, PERO QUE QUEDARÁ LEJOS DEL MONASTERIO

La compra por parte del Ministerio de Cultura de un retablo que formó parte del Retablo de San Sebastián procedente de la Cartuja de Valldecrist para destinarlo al Museo del Prado, ha hecho saltar a los políticos valencianos en el Senado, que han reclamado esta obra del mejor pintor del renacimiento valenciano para el Museo San Pio V de Valencia, donde se halla buena parte del mismo.

La compra por parte del Estado de una obra de Joan de Joanes originaria de la Cartuja de Valldecrist de Altura que va a ser depositada en el Museo del Prado, desveló ayer las diferencias de criterio entre el Ministro de Cultura, Miguel Iceta y el senador valenciano de Compromís, Carles Mulet, en el debate en la Comisión de Cultura y Deportes del Senado. 


La obra en cuestión es una de las tablas que componían el retablo de San Sebastián, pintado por Joanes hacia 1540 y que tras la desamortización de Mendizabal se fragmentó: la tabla central con la imagen de San Sebastián y la Piedad de la predela pasaron al Museo de Bellas Artes de Valencia, así como también otras dos tablas de la predela que fueron adquiridas por 60.000 euros en 2018; las tablas laterales de San Bruno y San Vicente Ferrer al Museo Nacional de Arte de Cataluña. Por último el ático con la Virgen, el Niño y Santa Ana quedaron en manos particulares, y es esta la tabla objeto de la adquisición por parte del Ministerio.

Mulet argumentó que estando el grueso del retablo en Valencia, parecía como más correcto que la tabla ahora adquirida pasará al Museo de Bellas Artes de Valencia y no al Museo del Prado. En su intervención el senador valenciano se preguntaba por qué hay tanta obra de Joanes en Madrid (una quincena de obras y una sala dedicada al pintor valenciano), a lo que se le respondió señalando "porque Carlos IV 'cogió' tablas existentes en la iglesia valenciana de San Esteve, por ejemplo". Ante este motivo, el Mulet esgrimió criterios lógicos y museológicos para que la tabla adquirida fuera depositada en el museo valenciano, pues la moderna museografía apuesta por reunir las obras que han estado juntas desde su origen por constituir una serie, no separarlas puesto que la lectura de las obras en su conjunto y bajo un mismo techo es mucho más fácil que si se disgregan, Por eso no se puede entender este nuevo atropello.

Por parte del Ministro se derivó la responsabilidad de la compra y la adjudicación de la obra al Museo del Prado, a criterios técnicos de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico, que argumentó que las piezas con las que cuenta el museo valenciano también fueron adquiridas por el Ministerio en su día. 

Defiende Iceta que la decisión de comprar las piezas para el Prado se justifica en que es un pintor no excesivamente presente en su colección, aunque también lamentó en su parlamento que muchas de las obras de las Historia del Arte hayan sido disgregadas. Y ante las criticas, también ha defendido que llevarlas a Valencia en lugar de a su lugar de origen, la Cartuja de Valldevrist en Castellón, también podría ser objeto de crítica, si bien no le resultaría descabellado que se organizara en algún momento una exposición que los reúna todo.

Así pues, los valencianos perderemos una vez más parte de nuestro patrimonio cultural para ser enviado a Madrid, pese a que la recuperación de la tabla que faltaba de este retablo cartujo, se ha pagado con dinero público de todos, también de los valencianos, pero se deposita en Madrid en lugar de unirlas a las otras piezas del retablo que custodia el Museo de Bellas Artes de Valencia desde hace tres décadas, con lo que el retablo seguirá incompleto 

Eso sí, también hay que decir que pese a la relevancia de este pintor valenciano del renacimiento -siglo XVI- considerado probablemente como el mejor de todos los de su generación (exceptuando a El Greco, que era algo más jóven y dejó lo mejor de su producción en Toledo), en el museo del cap i casal no dispone de una sala en exclusiva para su impresionante obra, cosa que el Prado sí.

Cabe recordar que Joan de Joanes es quien mejor resume la evolución de la pintura valenciana del Siglo de Oro sin haber salido del Reino de València, o si lo hizo fue para trabajar, del cual hay –afortunadamente- muchísima obra dispersa, alguna en los lugares originales, mucha más en los museos y colecciones (inter)nacionales más diversos y prestigiosos. Un artista, por otra parte, que, a pesar de ser reconocido en vida y después de ella, nunca ha suscitado la preocupación que han suscitado otros más actuales, como Pinazo, Sorolla o Benlliure, entre las autoridades competentes de la Comunidad Valenciana, independientemente del paso por la Generalitat de administraciones políticas dispares (PSPV, PPCV, Compromis, Podemos...).

Como muestra, no hace muchos años la Generalitat tuvo la oportunidad magnífica de haberse hecho en subasta pública con el excepcional retrato de Alfonso el Magnánimo que, finalmente, fue a parar al Museo de Zaragoza. Un cuadro que fue encargado por los jurados valencianos para la Casa de la Ciudad en 1557 a Joan de Joanes por 1.000 sueldos, pero que tampoco formará parte del Museo de Bellas Artes.

En fin, veremos dónde acaba ésto.

Fuentes: Mediterráneo de Castellón / Valencia Plaza / EPDA / El Meridiano.es - Albert Ferrer


sábado, 29 de enero de 2022

UNA TABLA DE VALLDECRIST, NUEVA ADQUISICIÓN PARA EL MUSEO NACIONAL DEL PRADO

La pieza que formaba el remate del retablo de San Sebastián de la capilla de la Antigua Hospedería de Valldecrist, obra de Juan de Juanes, pasa ahora a titularidad pública, y será expuesta en el Museo del Prado de Madrid.

La Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español del Ministerio de Cultura y Deporte, ha hecho pública la adquisición para el Museo del Prado de una tabla dedicada a Santa Ana con la Virgen y el Niño del famoso pintor renacentista valenciano, Vicente Juan Masip. 

Por ella ha pagado algo más de 100.000 euros, y llega procedente de la Galería Caylus, de donde también se han traído para la primera pinacoteca nacional más piezas. Este óleo sobre tabla obra de Vicente Juan Macip, más conocido como Juan de Juanes (hacia 1510-1579) no es una pintura desconocida para los especialistas, pues figuró en el catálogo De la Edad Media al Romanticismo publicado por la Galería Caylus en 1993 (pp. 54-57), donde fue estudiada por Ximo Company.

Santa Ana con la Virgen y el Niño Juan de Juanes. Después de 1550. Óleo sobre tabla. 46,5x52 cm. Museo del Prado, Madrid.

La Virgen con el Niño y Santa Ana (ó/t, 46,5 x 52 cm) fue entonces considerada por Company obra de Vicente Masip, aunque no sin dudas, fechándose hacia 1535-1545. Para ello, el especialista relacionó, por ejemplo, el rostro de santa Ana con la del tondo del mismo personaje que aparece en la Visitación del Prado. En la actualidad, la pintura se considera obra de su hijo Juan de Juanes y como tal ha sido comprada. A falta de que los expertos confirmen su cronología, parece plausible situarla en torno a 1550. De hecho, parece evidente la relación entre esta pintura y la tabla central de igual asunto del Tríptico de la Encarnación de las Dominicas de la Consolación de Játiva (1545-1550), con la que incluso comparte dimensiones (53,4 x 44 cm), aunque en este último caso en formato vertical.

Pero esta tabla no era una obra exenta, sino que era el ático del retablo de San Sebastián, San Bruno y San Vicente Ferrer, ubicado en la Capilla dedicado a éste mártir, que quedaba muy próxima a la Antigua Hospedería de la Cartuja de Valldecrist. Las piezas de este retablo se encuentran disgregadas entre el Museu de Bellas Artes de Valencia, el MNAC y ahora el Prado.

Con esta compra, se añade una nueva pintura de Juanes a los fondos de la pinacoteca, que ya contaba con un total de 18 de la mano del pintor valenciano. Hay que tener en cuenta, además, que casi la totalidad de ellas, así como los tres tondos de Vicente Macip, proceden de las colecciones reales, pues prácticamente todas fueron adquiridas en tiempos de Carlos IV. Solo en los últimos años el museo ingresó obras suyas por otros cauces, como el San Pedro adquirido en 2014 o la donación en 2018 del Oratorio de San Jerónimo por parte de la Fundación de Amigos del Museo del Prado.

Además de esta pintura, en el mencionado catálogo de 1993 figuró una Piedad –aunque en puridad debería titularse Cristo muerto sostenido por ángeles– de Juanes (ó/t, 57,3 x 61,7 cm), que también pertenece a la misma colección madrileña de la Galería Caylus. La disposición del cuerpo de Cristo sigue en líneas generales a la del Descendimiento del retablo mayor de Fuente la Higuera, así como a la Piedad del Museum of Art de Dallas, con una cronología similar a la de la pintura que nos ocupa. Paradójicamente, no fue recogida por Fernando Benito Doménech en el apéndice del catálogo de la exposición que tuvo lugar en el Museo de Bellas Artes de Valencia en el año 2000, donde sí se mencionan, además del ejemplar de Dallas, otras tres versiones pertenecientes a colecciones particulares valencianas.

Fuente: arsmagazine.com

sábado, 10 de julio de 2021

UNA TABLA DE VALLDECRIST SALE A SUBASTA A FINAL DE MES

La obra formaba parte del retablo de San Bruno, pintado por Francisco de Osona, y estaba ubicado en una capilla interior de la Iglesia Mayor. El resto de tablas de ese retablo se encuentran en el Museo de BB AA de Castellón, la Catedral de Segorbe y colecciones privadas.

El próximo 20 de julio la casa Ansorena subastará en Madrid una tabla pintada por Francisco de Osona, figura clave de la pintura valenciana en el primer Renacimiento, y que pertenecía al retablo de San Bruno de la desaparecida Cartuja de Valldecrist en Altura. La pieza, datada por Ansorena alrededor de 1514, tiene un precio de salida de 16000 €.

Con la desamortización el retablo quedó descabalado y sus tablas pasaron a formar parte con el tiempo de colecciones públicas y privadas como el Museo de Bellas Artes de Castellón, el Museo Catedralicio de Segorbe, la colección Masaveu, o la colección del pintor Ignacio Pinazo, de la que procede la tabla que ahora se subasta y que representa a San Benito.



Por fortuna, con motivo de la exposición "La Memoria recobrada. Pintura valenciana recuperada de los siglos XIV - XVI", que se celebró en el Museo de BB AA de Valencia entre octubre de 2005 y enero de 2006, se planteaba la reconstrucción principal del conjunto de tres calles. 

Presidiendo en el centro, la pintura de San Bruno (conservado en el Museo BB AA de Castellón), franqueada a izquierda y derecha por las figuras de cuerpo entero de San Benito y San Bernardo, ambos en la Casa Museo Pinazo de Goya, que pertenecieron al pintor Ignacio Pinazo Camariench.

El segundo cuerpo del retablo está formado por tres tablas con asuntos cada uno de los santos representados en el cuerpo principal. En el ático del centro se representa a San Bruno ante el cadáver de San Raymond Dicrés (Museo BB AA Cs), y en las calles laterales a izquierda San Benito otorgando su regla (también en Castellón) y a derecha, la Virgen con el Niño y San Bernardo de la Colección Masaveu de Oviedo

A este conjunto cabría añadir dos fragmentos del guardapolvo de este retablo que representan a San Vicente Mártir y un San Gregorio se custodian en el Museo Catedralicio de Segorbe, y estas dos tablas de los santos Abdón y Senén (de la Welcome Collection de Londres, dedicada a la medicina, a la ciencia y al arte), desde que en 2019, el historiador José Gómez Frechina, antiguo conservador del Museo de Bellas Artes, se las atribuyó también a Osona. por el estilo y por la coincidencia de burilados con las tablas referidas de Segorbe, aunque esta atribución despertó un gran debate, pues el director y conservador del museo catedralicio segorbino, David Montolio, ponía en duda dicha procedencia.                                                                                                                          San Benito sobre un fondo dorado profusamente decorado aparece representado de cuerpo entero vistiendo el hábito negro de la Orden benedictina y portando sus atributos iconograficos más frecuentes: el báculo, por ser abad de Montecassino, y el libro de la regla que escribió para sus monjes.                                                                                                                                                                                                                   Por desgracia, no es la primera obra de Valldecrist que en lo que llevamos de siglo sale a subasta. En febrero de 2014, saltaba en la prensa la noticia del hallazgo de un cuadro inédito de Joan Ribalta en una colección privada de Granada. El lienzo de altar, de grandes dimensiones (281 x 183 centímetros)  y del que solo se conocía por referencias escritas, perteneció a la cartuja de Valldecrist. 

La identificación la realizó también el ya citado historiador y conservador de pintura del Museo de Bellas Artes de Valencia, José Gómez Frechina. En su opinión, el estilo de aquel San Martín con el pobre de Joan Ribalta correspondería al periodo final del artista, en torno a 1620 y 1624, cuando realizó las pinturas para la población de Andilla y el «magnífico» Sueño de San Martín para la iglesia del monasterio de agustinas de San Martín en Segorbe.

Al fondo del cuadro de San Martín, introduce la leyenda del sueño por el que se crea la cartuja de Valldecrist. Según esta, el infante Don Martín (que luego sería Martín el Humano) tuvo una visión del valle de Josafat y buscó el lugar real más parecido para erigir un monasterio. Ese enclave fue el valle entre Segorbe y Altura.

Esta es una de las razones para pensar que el lienzo en cuestión es el que Ribalta realizó para la cartuja alturana, de donde desapareció esta pintura durante la desamortización del edificio religioso en el siglo XIX.

Este lienzo fue sacado a subasta por los propietarios, y aunque en otros tiempos hubiese sido un objetivo para la pinacoteca valenciana, la Generalitat o el propio ministerio, la crisis motivó que se perdiese esta oportunidad única, que esperemos ahora no se repita.

Fuente: Propia / Voro Contreras - 

jueves, 21 de noviembre de 2019

LOCALIZAN EN LONDRES DOS TABLAS DE UN RETABLO DE LA CARTUJA DE VALLDECRIST

Según el experto José Gómez Frechina, las obras serían del pintor Francisco de Osona, y pertencieron al guardapolvo del Retablo de San Bernardo, San Bruno y San Benito que se ubicaba en la Capilla de San Bruno de la Iglesia Mayor de la Cartuja de Valldecrist de Altura.

La Wellcome Collection de Londres -dedicada a la medicina, a la ciencia y al arte-, y fundada por el farmacéutico, empresario, filántropo y ávido coleccionista Sir Henry Solomon Wellcome (1853 - 1936), conserva dos tablas que representan a los hermanos médicos San Cosme y San Damián, y que el museo atribuye al Maestro de Artés, un pintor activo en el Reino de Valencia y que desde hace tiempo muchos especialistas atribuyen a Pedro Cabanes. Nada más informa este museo sobre estas dos pinturas, más allá que pertenecen a la "Escuela Valenciana" y que fue pintado alrededor de 1520.

Pero ahora, el experto y antiguo conservador del Museo de Bellas Artes de Valencia, José Gómez Frechina, ha atribuido estos dos retablos no al Maestro de Artés, sino a Francisco de Osona, pintor que también trabajó entre finales del siglo XV y principios del XVI, y que está considerado junto a su padre Rodrigo de Osona, representante del primer Renacimiento en Valencia.

Gómez Frechina asegura además que estas dos tablas formaron parte del Retablo de San Benito, San Bruno y San Bernardo que estuvo en la Cartuja de Valldecrist, en la localidad castellonense de Altura, hasta la desamortización del siglo XIX.

Según el historiador, los motivos decorativos de buril de las dos tablas que permanecen en la colección londinense son los mismos que los del retablo de Valldecrist, que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Castellón. Además, Gómez Frechina destaca otras obras atribuidas a Osona que ofrecen las mismas características estilísticas que estos San Cosme y San Damián, como son La Epifanía del Victoria and Albert Museum de Londres, varias pinturas de un retablo de la Cartuja de Portaceli conservadas en el Museo de Bellas Artes San Pio V de Valencia, y el retablo de San Dionisio de la Catedral de Valencia.

Recuerda este investigador que en la exposición "La Memoria recobrada. Pintura valenciana recuperada de los siglos XIV - XVI", que se celebró en el Museo de BB AA de Valencia entre octubre de 2005 y enero de 2006, se planteaba la reconstrucción principal del conjunto de tres calles.

Presidiendo en el centro, la pintura de San Bruno (conservado en el Museo BB AA de Castellón), franqueada a izquierda y derecha por las figuras de cuerpo entero de San Benito y San Bernardo, ambos en la Casa Museo Pinazo de Goya, que pertenecieron al pintor Ignacio Pinazo Camariench.

El segundo cuerpo del retablo está formado por tres tablas con asuntos cada uno de los santos representados en el cuerpo principal. En el ático del centro se representa a San Bruno ante el cadáver de San Raymond Dicrés (Museo BB AA Cs), y en las calles laterales a izquierda San Benito otorgando su regla (también en Castellón) y a derecha, la Virgen con el Niño y San Bernardo de la Colección Masaveu de Oviedo.

Añade este investigador que dos fragmentos del guardapolvo de este retablo que representan a San Vicente Mártir y un San Gregorio se custodian en el Museo Catedralicio de Segorbe, a los que cabe añadir ahora las dos tablas de los santos Abdón y Senén (de colección particular) por el estilo y por la coincidencia de burilados con las tablas referidas de Segorbe, y también estas dos tablas de los Santos Médicos Cosme y Damián sobre fondo dorado, adscritas como seguras a Francisco de Osona y no como hasta ahora indicaba la Wellcome Collection al Maestro de Artés, dadas las grandes semejanzas de los motivos decorativos de buril que se observan en el resto de obras del Retablo de San Benito, San Bruno y San Bernardo de Valldecrist.

Francisco de Osona empezó a trabajar con su padre, Rodrigo, a partir de 1485. De su colaboración quedan testimonios documentales en el Retablo de San Dionísio de la Catedral de Valencia (1500). Si el estilo de Rodrigo de Osona se reconstruye a partir de sus obras tempranas como el retablo de la Crucifixión de San Nicolás de Valencia, el de su hijo Francisco -fallecido antes que su padre-, parte de obras más tardías como la Adoración de los Magos (Victoria and Albert Museum de Londres), firmada por él hacia 1505, en la que se percibe el mayor interés de Francisco de incorporar elementos dl repertorio Renancentista. En las obras en las que colaboraron padre e hijo no es fácil diferenciar entre uno y otro, por lo que se les suelen adscribir a los dos, como sucede con las ocho tablas de los Osona que posee el Museo del Prado de Madrid. 
Fuente: Voro Contreras - Levante EMV

martes, 28 de agosto de 2018

EL MUSEO DE BB.AA. DE VALENCIA ADQUIERE DOS PEQUEÑAS TABLAS DE JOAN DE JOANES ORIGINARIAS DE VALLDECRIST

Consigue pues reconstruir todo el retablo, pese a que parte de los retablos pertenecen a particulares y al MNAC de Barcelona

El Museo de Bellas Artes de Valencia compra por 60.000 euros dos pequeñas tablas de Joan de Joanes pertenecientes a la predela del antiguo retablo de San Sebastián de la Cartuja de Valldecrist (Altura), que representan a María Magdalena y San Roque, y que fue pintado por el pintor valenciano hacia 1540.

De este conjunto, el museo ya poseía el retablo central del titular y la Piedad del referido banco, que adquirió en 2009 en una subasta, despues de que durante muchísimos años nada se supiese de su pareadero, y apareciera en el mercado artístico madrileño como pieza del círculo de este maestro del renacimiento valenciano. Las mesas laterales que completan el retalbo -San Bruno y San Vicente Ferrer- son propiedad del Museo Nacional de Arte de Cataluña (Barcelona) y el ático con la Virgen, el Niño y Santa Ana, pertenece a una colección privada madrileña.

Todas ellas se expusieron en su día juntas en la muestra titulada "Las Pinturas de Juan de Juanes para el Retablo de San Sebastián de la Cartuja de Valldecrist", en el propio Museo de Bellas Artes de Valencia con motivo de la compra de La Piedad.

Este retablo presidía la capilla que este mártir tenía junto al Patio de la Hospedería Antigua. Así lo relataba Fray Joaquín Lorenzo Villanueva, en su Viaje Literario por las Iglesias de España, Tomo IV, pp 22-23: "En la entrada del claustro, frente a la celda prioral, hay un pequeño oratorio con altar precioso por sus pinturas, que son de Joanes: el cuerpo principal tiene pintado en el centro a San Sebastián asateado; los colaterales son San Vicente Ferrer y San Bruno; en el pedestal está Nuestro Señor Jesucristo difunto en brazos de su Madre antes de ser sepuntado; los colaterales son San Roque y la Magdalena. Excede a estas pinturas la del remate del altar, composición digna de Rafael, en que Santa Ana y María Santísima sosteniendo al Niño Jesús en brazos, están leyendo las palabras que él les señala con el dedo escritas en un libro, y son estas: "quodcumque petieritis Patrem in nomine meo...""

El panel titular que representa a San Sebastían fue adquirido por el Estado en 1994. El Santo, atado a un árbol, aparece con las saetas sobre su cuerpo desnudo dirigiendo su mirada a un ángel que porta la corona y palma del martirio. La disposición de la fiugra se inspira en el San Sebastián de Yáñez (Dallas, Meadows Museum). Conviene subrayar en este San Sebastián de Joanes el paisaje, con un tratamiento pamorámico al modo flamenco, que tuvo que aprender el pintor a partir de la presencia en Valencia de obras flamencas, especialmente las pertenecientes a la colección de doña Mencia de Mendoza.

Flanqueando a la tabla del santo titular, en el cuerpo principal del retablo se ofrecen las figuras de cuerpo entero de San Bruno y San Vicente Ferrer (propiedad del Museo Nacional de Arte de Cataluña de Barcelona). Ambos santos se recortan sobre un paisaje de horizonte alto con un celaje cubierto de nubes. San Bruno, a la izquierda y con hábito de cartujo, sostiene un crucifijo y el libro de la Orden; y a sus pies el báculo y la mitra que aluden a su renuncia a la dignidad de obispo. San Vicente Ferrer, a la derecha, aparece con el dedo índice señalando al cielo, y con la filactería que suele acompañar su imagen.

En el ático, por encima de San Sebastián, se presenta la tabla de Santa Ana, la Virgen y el Niño (Madrid, colección particular), que responde puntualmente a la descripción de Fray Lorenzo Villanueva. La pose y actitud concentrada de Santa Ana en esta pintura se inspira en la Ana Selbdrit de Yáñez de la parroquia de San Nicolás de Valencia.

Finalmente, el banco o predela está compuesto por tres pinturas: La Piedad en el centro, flanqueada -a la izquierda- por La Magdalena Penitente y -a la derecha- por San Roque, las tres ahora propiedad del Museo de Bellas Artes de Valencia. Los santos portan una doble aureola dorada sobre sus cabezas, al igual que sucede con las figuras de Cristo y la Virgen en la Piedad. La Magdalena Penitente -en el interior de una cueva- ora arrodillada ante un altar, y San Roque, con el perro que le traía alimento al bosque, eleva su mirada ante la aparición del ángel con una filactería: "Peste laborantes ad patrocinium rochi confugientes contagiome illam truculentissima evasuros signiffico". Esta leyenda latina responde a un fragmento del Compendium Vitae Sancti Rochi publicado en 1493.

La Piedad presenta en primer término el cuerpo de Cristo muerto sostenido por su madre y en el interior del sepulcro rocoso dos figuras, probablemente San Juan Evangelista y José de Arimatea. Al fondo, se describe sumariamente el Calvario con las tres cruces, los cuerpos de los dos ladrones, soldados y una figuración de la ciudad amurallada de Jerusalén. Para la figura de Cristo, Joanes, como en otros casos en que representa La Piedad, se inspiró en la pintura de la Lamentación ante el Cuerpo de Cristo, de Sebastiano del Piombo, custodiada por la familia Vich en Valencia. 


La tabla de «María Magdalena» del retablo de «San Sebastián» es la segunda pieza de Joan de Joanes que ha adquirido el Museo de Bellas Artes en 2018, ya que anteriormente la conselleria había aprobado una modificación de crédito para adquirir por 110.000 euros una «Virgen de la Esperanza» que el artista valenciano pintó en su época de plenitud. 

Hay que felicitar al museo por esta nueva politica de adquisiciones, buscando con ella convertirse en el centro de referencia de una serie de artistas, e indudablemente al hablar del renacimiento pleno la figura es Joan de Joanes. De hecho, este año el museo también ha comprado por 189.000 euros cuatro tablas del retablo de San Eloy de Francisco Ribalta.

No obstante, debe mejorar la difusión de estas compras, pues ni siquiera se informa del hecho en la propia web del museo y esto puede ser contraproducente para lograr un mayor número de visitas.
Fuentes: Levante EMC / La Hornacina.com

viernes, 25 de noviembre de 2016

SE SUBASTA EN MADRID UN CUADRO DEL PINTOR CAMARÓN, PROCEDENTE POSIBLEMENTE DE LA CARTUJA DE PORTACELI

Aunque se desconoce exactamente la procedencia de este lienzo pintado por el segorbino entre 1774 y 1779, todo apunta al primer monasterio cartujo en tierras valencianas como lugar de procedencia, de donde desapareció tras la desamortización de 1835.

La pieza, sobre las que se puede pujar a través de Internet, se conoce por el título de Inmaculada Concepción y fue pintada por el pintor segorbino José Camarón entre 1774 y 1779. El precio de salida de la subasta es de 12.000 euros y la obra tiene un tamaño de 1'66 x 1'11 metros.
En principio no queda clara la procedencia de esta obra con alguna de las dedicadas a dicha advocación mariana y catalogadas de este gran autor, ejemplo de los pintores ilustrados del siglo XVIII.

El que fue responsable del patrimonio de la Diócesis de Segorbe – Castellón y gran especialista en Camarón sobre el que escribió su tesis, Ramón Rodríguez Culebras (1930-2001) al repasar el catálogo de las obras del artista, nombra cinco representaciones de la Inmaculada, dos de ellas en lápiz y tanta sobre papel, existentes en el Museo de Bellas Artes de Valencia, una tercera en fresco en la capilla de la Inmaculada de la iglesia de San Martín de Valencia. Las obras de óleo sobre lienzo se reducen a dos, la primera que presidía el citado altar de San Martín y que según el biografo, posiblemente fue destruida; y la última que se encontraba en uno de los altares del trassagrario de la cartuja de Porta-Coeli (Serra, Valencia) que muy probablemente desapareció con la desamortización y que el autor dice que está "sin localizar".

Entre estas dos últimas posibilidades estaría la identificación de la obra que ahora se subasta, aunque las posibilidades son más elevadas en favor del monasterio cartujano.

La casa de subastas señala que "a lo largo de su carrera, Camarón trabajó la iconografía de la Virgen Inmaculada a partir de dibujos y composiciones sobre lienzo que reflejan la particular riqueza del culto inmaculista valenciano a lo largo del siglo XVIII; sirvan de ejemplo el dibujo conservado en el Museu de Belles Arts de València y otras dos obras en las colecciones del Museo de Bellas Artes de Córdoba: la Inmaculada con san Antonio y san Cayetano y la Inmaculada Concepción"

Camarón fue uno de los grandes pintores valencianos del XVIII. En la capital de España estudió a Velázquez y Murillo y conoció a Goya, siendo uno de los pintores que colaboraron con el autor de “La Maja Desnuda” en la rehabilitación del arte netamente español, secundando en Valencia la idea del pintor de Fuendetodos.

Fue uno de los artistas que participaron en la creación de la Academia de Bellas Artes de Valencia de la que llegó a ser director. Su producción pictórica es amplísima, destacando sus obras en iglesias, conventos y monasterios. Sus obras se reparten por Andalucía, Aragón, Cataluña, Mallorca, Madrid y la Comunidad Valenciana, así como algún óleo en países europeos y EE.UU.  En la provincia de Castellón, resaltan sus pinturas en la iglesia parroquial de Benicasim y hay constancia de obras en Vila-real, Altura, Soneja y Segorbe.
Fuente: Rafael Martín

lunes, 7 de abril de 2014

EL MUSEO SAN PIO V DE VALENCIA ORGANIZA UNA CONFERENCIA SOBRE BONIFACIO FERRER

La cita es el próximo jueves 10 de abril, a las 19 h. en el Salón de actos del Museo de Bellas Artes San Pio V de Valencia
El Museo de Bellas Artes San Pio V inició el pasado año el programa 'Obra invitada', en el que se propone al público la contemplación individualizada de una obra de arte singular y cedida en préstamo al Museo para la ocasión.

En esta ocasión y coincidiendo con el aniversario del nacimiento de San Vicente Ferrer (Valencia, 23 de enero de 1350) se exhibe una pieza especialmente significativa para los valencianos: 'La predicación de San Vicente Ferrer' del pintor granadino Alonso Cano (Granada, 1601-1667), procedente de la Colección Banco Santander, y que permanecerá expuesta al público hasta el próximo 4 de mayo.

La obra se exhibe junto a una pintura perteneciente al Museo de Bellas Artes San Pio V del mismo autor y de similares características y temática, cumpliendo así con una antigua aspiración del Museo ya que ambas obras se disputan ser la pintura realizada por Cano para el altar de una de las capillas del desaparecido convento de San Francisco.























 Las dos tablas de La predicación de San Vicente - Alonso Cano

El ejemplar del Museo fue adquirido por la Generalitat en 1987 a los herederos del Barón de Santa Bárbara, siendo este lienzo  de factura más suelta que la invitada, aunque sufrió importantes recortes.  

Alonso Cano realizaría estas obras durante su breve estancia en Valencia entre 1644-1645, donde se refugiaría tras la muerte de su esposa en la cartuja de Porta Coeli, en la que intentó profesar. En las dos pinturas aparece San Vicente Ferrer en una de las facetas más conocidas de su personalidad: la predicación, Además, entre las figuras que Cano incorpora a los pies del santo, entre la multitud, se observa de perfil los rasgos del dominico florentino Savonarola.

Desde su canonización por el papa Calixto III en 1455, la figura del gran dominico valenciano, taumaturgo, predicador, filósofo y estadista ha sido ampliamente representada en el arte valenciano. De hecho el Museo de Bellas Artes San Pio V cuenta entre sus fondos con una treintena de obras en las que el protagonista principal es San Vicente Ferrer, con ejemplos sobresalientes, y relativos a su labor apostólica, orientadora de papas, reyes y príncipes, su magisterio oral y escrito, sus milagros o incluso su decisiva intervención para el futuro de la Corona de Aragón y de España en 1412 en el Compromiso de Caspe.

La contemplacion de estas dos piezas juntas ha sido posible gracias al patrocinio de Banco Santander y a la cesión de la pieza. Dada la especial significación vicentina de las obras expuestas, el Museo de Bellas Artes de Valencia ha programado diferentes actividades en torno a él, destacando la conferencia "Bonifacio, hermano de San Vicente Ferrer. Los claroscuros de una vida", a cargo del Profesor José Francisco Ballester-Olmos y Anguís.


La cita es el próximo jueves 10 de abril, a las 19 h. en el Salón de actos del Museo. El acceso será libre hasta completar el aforo.

lunes, 9 de julio de 2012

NUEVO LIBRO SOBRE LA CARTUJA DE PORTACELI

 El historiador del arte y especialista en la Cartuja de Portaceli, Francisco Fuster, ha publicado un impresionante trabajo de investigación sobre la decana de las cartujas valencianas.

Junio ha sido un mes clave en la historiografía del arte valenciano, a espaldas de muchas de las instituciones culturales locales preocupadas en otros asuntos y los recortes que no cesan (ya se sabe, hace más quién quiere que quién puede), al editarse por la Universidad de Salzburgo, Austria (y la colaboración de la cartuja de Portaceli, la Real Academia de Belles Arts de San Carles de Valencia, el Centre d´Art d´Época Moderna de la Universitat de Lleida y la Asociación Cultural Cartuja de Valldecrist) la magna obra "Legado artístico de la cartuja de Portaceli. Obras, iconografía, benefactoras y artífices en su contexto histórico", de qué es autor el reputado historiador de las cartujas valencianas Francisco Fuster Serra.

El estudio recopila el legado artístico de la decana de las cartujas valencianas, y una de las fundaciones más importantes de la península Ibérica y sus territorios de ultramar sin ningún tipo de duda que, fundada en 1272, constituyó antes de la Desamortización un verdadero tesoro arquitectónico, artístico, documental y bibliográfico además de espiritual, hoy desaparecido en el peor de los casos o disperso en todo el mundo aunque mantiene intacta la función porque fue creada hace ahora 740 años por el obispo fray Andreu Albalat.

  • ISBN: 84-8484-079-4
  • Año Edición: 2003
  • Nº Pàginas: 561
  • Precio: 15,00
El autor ha estado trabajando en su confección muchos años de su vida y con esta excelente aportación, imprescindible para todo valenciano que se precie de serlo, completa su vereda investigadora iniciada con la también imprescindible "Cartuja de Portaceli. Historia, vida, arquitectura y arte", reeditada por el Ayuntamiento de Valencia en 2003 con motivo de la celebración del I Congreso Internacional de las cartujas valencianas (El Puig, Serra y Altura).

Ha tenido que ser la colección Analecta Cartusiana, dirigida desde los años setenta de la pasada centuria por el Dr. James Hogg, quien finalmente ha decidido publicar un estudio de esta ambición y rescoldo. Editor que también ha publicado otros estudios misceláneos, congresos y tesis doctorales dedicadas a las cartujas valencianas o a sus principales protagonistas, algunas de ellas respetando nuestra lengua autóctona a pesar de su carácter y difusión internacional.

Hay que felicitar la cordura y perseverancia del autor, reconocido historiador del arte de la Universitat de València, quien, sin ningún medio económico ni ayuda institucional, nos regala a los valencianos y a todos aquellos que estimamos el arte, la historia y el patrimonio documental de nuestra comunidad, un texto muy muy ilustrado de primera magnitud que se remonta a los mismos orígenes del reino de Valencia.



La publicación viene a coincidir, además, con los actos y estudios dedicados a rememorar el Compromiso de Caspe (1412), acontecimiento de capital trascendencia para el reino de Valencia y la Corona de Aragón en que intervinieron decisivamente dos monjes cartujos de extraordinaria relevancia y profesos de Portaceli (Serra): Fray Bonifacio Ferrer, General de la Orden Cartuja y Francesc de Aranda, uno de sus benefactores más exitosos.
Fuente: Albert Ferrer Orts - Elpunt.com

miércoles, 29 de junio de 2011

LA CARTUJA DE VALLDECRIST EN LA REVISTA ABANTE

En el tercer número de la revista Abante aparece un interesante artículo sobre la Cartuja de Valldecrist que a continuación reproducimos.

La Conselleria de Cultura, a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural Valenciano, ha editado la Revista 'Abante' con la intención de "hacer accesible, asequible y querido el patrimonio cultural valenciano".

La revista, con una tirada de 3.000 ejemplares y periodicidad cuatrimestral, busca "dar a conocer las muestras más representativas del patrimonio cultural valenciano" y hacer visible la labor que realiza la Generalitat en este ámbito.

En este sentido, y en su tercer número -correspondiente a noviembre de 2010-, ha publicado un extenso reportaje sobre la Cartuja de Valldecrist, en el que además de una breve reseña a la historia y características de la Orden Cartuja y de la casa palantina, destaca la gran riqueza y belleza de las obras de arte que en ella existieron hasta su desamortización en 1835, y que hoy se han de visitar en diferentes museos.

En este aspecto también recomienda visitar la ya clausurada exposición que ofrecieron los museos de bellas artes de Castellón y Valencia (que no hubiera estado de más se hubiese expuesto también en los municipios en los que se ubican las cartujas).

martes, 27 de abril de 2010

LAS CARTUJAS.... UN DÉFICIT DE RIGOR

Memoria y Arte del Espíritu Cartujano. Las cartujas valencianas.
Museu de Belles Arts de València. C/ San Pius V, 9, Valencia. Hasta el 23-5
Por A.C.

Si los comisarios de la exposición Las Cartujas Valencianas pretendían instruir al público en general y al valenciano en particular sobre la riqueza espiritual, cultural e histórica que representó esta orden en nuestras tierras, hemos de concluir tras una visita al Museo de BB AA de Valencia donde se expone, que no lo han conseguido. Si por el contrario, la tarea consistía en dejar constancia, únicamente, de que a partir del siglo XIII y sobre todo en el XV, una serie de cenobios de esta orden, siguiendo el modelo francés de Chartres, se fueron desarrollando en nuestra comunidad y que sea el público el que libremente decida si vale la pena una excursión por la geografía valenciana en busca de esos santuarios, entonces han estado más acertados.

Una ocasión única para aproximarse a un tema que, hasta el momento, no se había expuesto y una oportunidad para descubrir a través de la obra pictórica, principalmente, quién fundó la orden, qué era —y es— ser cartujo, cómo y dónde vivían, qué artistas donaron sus obras, quiénes fueron sus padres espirituales, cómo llegaron posteriormente esas obras a manos de particulares y/o Museos.No busquen demasiado porque prácticamente casi ninguna de estas cuestiones va a ser contestada en la exposición.

Sí se nos habla de las tres cartujas principales, Portaceli, Valldecrist, y Aracristi, y su fundador, San Bruno, queda ampliamente retratado. Asimismo, se pueden contemplar obras relevantes, procedentes en su mayor parte de la Cartuja de Valldecrist y un despliegue de magníficas fotografías de José Manuel Guerrero ilustran a la perfección y de forma bellísima el silencio que rodeaba esos muros, la austeridad con la que los monjes vivían su fe, la sencillez con la que afrontaban su día a día. Nada que ver con el barroquismo del montaje, tal concentración de obras que impide a la retina poder contemplar sin interferencias visuales obras como, por poner un ejemplo, la delicada Virgen de la O de Sariñena —¡hasta seis fotografías ilustrando unos medallones la rodean!—, la sobresaturación de backlights, esas fotografías retroiluminadas que unas cuantas gustan, un exceso agotan. Un montaje que se plantea en total contradicción con lo que, creíamos, era el espíritu cartujano de soledad y oración.

Tampoco se detengan a leer las parcas fichas que acompañan las obras porque en la mayoría de ellas se ha omitido las fechas, su procedencia, así como la autoría de las obras, dando a entender, suponemos, que son anónimas. Lo que lleva al escasamente informado espectador a tener que adquirir el catálogo de la exposición. Y hete aquí que las obras no van acompañadas de las pertinentes fichas catalográficas, bibliografía, exposiciones en las que han participado y, sobre todo y más importante, la labor investigadora y de actualización que cada una de las piezas ha conocido para poder formar parte de una exposición de este calibre. Y así nos encontramos con pies de foto en los que se nos indica que la obra que contemplamos es un San Bruno, aunque lleve mitra. ¿Pero no había renunciado a ella? ¿Se trata, pues, de una nueva línea de investigación reveladora de que finalmente el santo decidió aceptarla? Se menciona a San Pablo ¡Arcángel! ¿Desde cuándo San Pedro o San Pablo fueron arcángeles? Y también aparece una nueva OPA, la Cartuja de Convento de Servitas.

Afortunadamente, el catálogo de obras viene precedido por las firmas de historiadores de la talla de García Mahiques, Gómez Lozano, Vidal Prades, Ferrer oMiguel Ángel Catalá, entre otros, cuyos interesantes artículos permiten, afortunadamente, ilustrarnos, reeducarnos y convencernos de la importancia que tuvo esta orden.
Fuente: Posdata 706 25/04/2010 Levante EMV
Foto: El Silencio, de Jose Manuel Guerrero

NO COMPARTO la opinión -o mejor dicho la crítica- de este periodista anónimo. Si publico esta crítica en mi blog es para que la gente pueda comparar esta con la otra publicada también en este medio y que tras visitar la exposición se den cuenta de cual se ajusta más a la verdad.

A título personal, y como para gustos los colores, puede que haya algún aspecto que no me terminase de agradar o de entender, que tal vez encontrase algún fallo, que echara algo en falta, pero YO DISFRUTÉ DE LA EXPOSICIÓN, ME QUEDÉ ASOMBRADO CON ALGUNOS DE SUS CUADROS -no pensé que algunos los iba a ver frente a mi alguna vez-, Y DESDE LUEGO SE LA RECOMIENDO A TODO AQUEL QUE ME PREGUNTA O TIENE ALGUNA VINCULACIÓN CON LAS CARTUJAS, pues como dice un buen amigo, "detrás de esa critica hay un ataque a la misma idea de la exposición, que no es otra que la de rescatar del olvido el arte cartujano".

domingo, 21 de marzo de 2010

A PROPÓSITO DE LAS CARTUJAS VALENCIANAS

Por Albert Ferrer Orts.

Ahora que la vida monástica está en franco retroceso, particularmente la que caracteriza desde finales del s. XI la Cartuja, la Generalitat, por medio de su área de cultura, presenta una muestra sobre esta singular orden religiosa en el Museo de Bellas Artes de València.

Nunca es tarde, verdaderamente, si lo que se propone a la sociedad valenciana es probar y deleitarse de una pequeña parte de lo que suponen ocho siglos de presencia de los monjes blancos entre nosotros. A la postre, 728 años (con sus obligadas intermitencias históricas) de intensa espiritualidad, cultura y arte atesorados por sus monjes que nos han transmitido una férrea voluntad por acercarse a Dios desde el anonimato y el retiro más estrictas.

El hecho que estos religiosos dedican, todavía a estas alturas, su vida a rogar por el resto de congéneres, todo y renunciando a llevar una existencia -digamos- social, hace que sus costumbres hayan variado poca cosa de las que llevaron sus predecesores a lo largo del tiempo. Su cotidianidad, desarrollada en el interior de sus aislados cenobios en soledad y vida comunitaria, es prueba fehaciente que el reloj vital que nos mueve al resto se paró por siempre jamás en ellos desde que arraigaron en nuestra tierra.

Su pureza descansa en una regla que a penas ha sido modificada. De hecho, los primeros conventuales no tuvieron ninguna escrita hasta años después, tras fundarse la primera casa en Saint-Pierre-de-Chartreuse, cerca de Grenoble (conocida en adelante como la Grande Chartreuse).

En el reino de València se contabilizaron a lo largo de los años cinco cartujas, algunas de ellas efímeras, además de otros intentos frustrados a última hora, es decir: Portaceli (1272), Valldecrist (1385), la Annunciata (1442), Aracristi (1585) y Viaceli (1640). La primera por voluntad del obispo Albalat tomó cuerpo en Serra, la segunda impulsada por Martín I el Humano y su mujer Maria de Luna lo hizo en Altura, la tercera se debió a la decisión del comerciante Jaume Perfeta a Marxalenes (Valencia), la cuarta tuvo como fundadora a la noble Elena Roig y arraigó en El Puig, mientras que la última cuajó en Orihuela a raiz de la donación de Tomàs Pedrós.

Entre sus ilustres habitantes, muchos de ellos de un prestigio académico, social, político y espiritual bien patente incluso internacionalmente, quizás cabría destacar sobremanera el valenciano Bonifacio Ferrer (primer general valenciano y español en dirigir la Orden, escindida por el Cisma de Occidente), el turolense Francisco Aranda (consejero de Juan I y Martín el Humano), ambos delegados del reino de Valencia para participar en el trascendental Compromiso de Caspe, o el saguntino Francisco Maresme (segundo general valenciano y español de la Orden nuevamente unificada).

Desgraciadamente, a pesar de que los cartujos enriquecieron su legado en tierras valencianas con el asentamiento de monjas al monasterio cisterciense de Benifassà hace unas décadas, su huella corre el riesgo de difuminarse por siempre jamás debido a la dureza de sus costumbres y la mengua creciente de vocaciones. Circunstancia que debe ponernos alerta y evitar, en la medida de lo posible claro está, que el incalculable tesoro que han hecho gala en transmitirnos pueda perderse. Un objetivo que va más allá de su propósito espiritual (pese a que no se entiende sin esta finalidad, obviamente) y que -conjuntamente- es prueba fehaciente de su compromiso con la tierra que los ha acogido secularmente hasta hoy.

Entre los retos que la Generalitat ha de lograr indefectiblemente están, a título de ejemplo, la esmerada restauración de las cartujas de Altura y de El Puig y el mantenimiento de la de Serra, la decana de estas fundaciones autóctonas, así como potenciar su estudio, uso cultural y divulgación. Afortunadamente, los especialistas valencianos en la materia son reconocidos internacionalmente y tienen mucho que decir en este asunto.

Firman también este artículo Josep-Marí Gómez Lozano, Francisco Fuster Sierra y Josep-Vicent Ferre Domínguez. Y yo también.