La tabla, expuesta desde mayo en Madrid dentro de ‘España y el gótico mediterráneo’, regresa este domingo a la iglesia parroquial tras una revisión que cuestiona la autoría de Starnina y la vincula a una capilla de la catedral de Segorbe
El ‘San Miguel’ de Sot de Ferrer ya no duerme en el Prado. La tabla que desde el 26 de mayo ha formado parte de la exposición ‘España y el gótico mediterráneo’ en el Museo del Prado regresa de nuevo a la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, donde volverá a ocupar su lugar después de su estancia en Madrid que ha servido, además, para revisar su historia y su autoría.
En Sot han celebrado la vuelta de la pieza, de la que se consideran orgullosos y honrados por haber participado en una muestra de las principales pinacotecas europeas. Para el Ayuntamiento, el préstamo ha sido una oportunidad única para poner en valor el patrimonio local, acercarlo a nuevos públicos y recordar que los pequeños municipios también conservan obras de primer nivel.
Uno de los frutos de esa estancia es el libro editado con motivo de la exposición ‘A la Manera de Italia’, en el que se describe la obra y se repasan sus peculiaridades. Entre ellas, la principal: el verdadero autor del cuadro no sería Starnina. Según las comparaciones realizadas con otras obras, la autoría se atribuye a Ferrer Bassa, pintor del rey aragonés de la época. El libro editado para la muestra ha permitido, así, reescribir una parte de la ficha de la tabla.
También su procedencia ha ganado nuevos matices. La obra podría estar vinculada con una capilla dedicada a San Miguel, San Honorato y María Magdalena de la catedral de Segorbe. Con el paso del tiempo, la tabla acabó instalándose en Sot de Ferrer, donde forma parte del patrimonio religioso y sentimental del municipio.
La exposición ‘España y el gótico mediterráneo’ en el Prado ha reunido piezas clave para explicar las conexiones artísticas del gótico en el Mediterráneo. La participación de la obra de Sot de Ferrer ha permitido difundir su valor más allá de la comarca y subrayar la importancia de conservar y estudiar el patrimonio rural, ahora con una identidad artística renovada y con la certeza de que su paso por Madrid ha dejado una huella que ya forma parte de su historia.

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