Son sobre todo en los dos nucleos urbanos de Sagunto, donde las diferentes comisiones falleras levantarán sus monumentos falleros por toda la ciudad, con grandes dosis de
creatividad e ingenio, inundando las calles de color, música y
diversión. Días de fiesta en los que se celebran una gran variedad de
actos, como La Crida o pregón de fiesta, la Cabalgata de Humor Fallero,
La Plantà de las fallas, la Ofrenda de flores a la Virgen de los
Desamparados o la Entrega de Premios.
Fiestas que terminarán el día 19 de marzo, cuando durante la
noche del día de San José, el fuego y las llamas envuelvan las fallas
en una gigantesca hoguera. Es la Nit de la
Cremà, cuando el fuego será el encargado de reducir los monumentos a cenizas,
poniendo el punto y final a la fiesta más representativa de los
valencianos.
Los inicios de las fiestas falleras en Sagunto se
sitúan en 1926 cuando dos amigos,
Antonio Blasco San Juan y Francesc
Cervantes López, residentes al Puerto de Sagunto expresan su deseo de
conocer de cerca el mundo de las fallas y visitan varios talleres de la
capital del Túria. En una de esas visitas se traen un "
olla y un
Buñuelo" que plantan en la calle y queman el día de Sant Josep. El
resultado: un grupo de vecinos de las calles Libertad, Luis Cendoya y
otras se agrupan e inician la que será la comisión fallera que plantara
la primera falla saguntina. Los componentes de
la primera comisión fueron:
Bautista López Antonio Blasco, Ángel Gabarda, Francisco Cervantes, Vicente Ramos, Ángel Xirivella y Antoni
Pérez,
Pedro J. Redàs y Pascual Gómez,
entre otros.

La
primera falla se "plantó" en el Puerto de Sagunto, en la calle Poeta Llombart, frente al actual número 52, gracias a la tenacidad y trabajo
de aquella primera comisión. Se reunían la salida de fábrica y entre todos van construir los
"ninots" con los vestidos cosidos por las mujeres. De Francisco
Cervantes eran las críticas y los esbozos. La primera
falla, dedicada al hierro, aludía en el estado de abandono de las calles del Puerto de
Sagunto. Presidía el monumento la figura de un laminador sobre el cuerno
de la abundancia, del que salían los hierros laminados que
representaban el orgullo de los habitantes del Puerto de Sagunto. Se
aludía al matadero que estaba situado en esta calle y que por sus
emanaciones pestilentes era intransitable. La plaza del Mercado cuando
caían cuatro gotas se convertía en una laguna. En las esquinas
de la base habían cuatro grandes cornetas de pregonero municipal, y
rodeando la parte alta muchas orejas de dos palmos porque en
esta calle no se pregonaba ningún bando municipal. En los lienzos se criticaba el abandono de las calles llenas de
basura, cuyo carro se llenaba tanto que hacía un reguero de basura por
donde pasaba, así como la competencia de los dos propietarios de
autobuses que se disputaban afanosamente los viajeros cuando estaban
ambos empresarios en la plaza o parada de autobuses.
En 1930
Carmelo Rueda construye el monumento
fallero para la comisión de la calle Teodoro Llorente. En aquella
ocasión se dedicará a las mejoras urbanísticas, aguas, alumbrado, etc.
de Puerto de Sagunto. Según el esbozo que se conserva al Archivo
Municipal, el artista refleja la necesidad de solucionar los problemas
del agua potable. Una gran noria montada sobre una moneda de "duro" de
plata es accionada por un usuario que espera la llegada del preciado
líquido. Junto con la farola un portosaguntino se pasea con un candil.
Sagunto no podía estar ausente de estas
manifestaciones y del culto a la belleza, el color y el fuego. En
1931
Vicente Andrés Cerveró proponía a la Sociedad Vitivinícola
organizar las fiestas falleras. La propuesta fue aceptada y así, de esta forma, se inician las fiestas
falleras a la ciudad. La primera comisión la presidía el mismo señor
Andrés Cerveró, formando parte activa los socios:
Francisco Casañs,
Ramón Palanca, Miguel García, José Báguena, Joaquín Peña, Manuel
Martínez, Amadeo y Francisco Ribes, Ramón y José Lluesma.
La sede
de la primera "comisión" se estableció al
"Bar de Bono", lanzándose
desde allí los falleros a la calle para iniciar "lo apunta",
disparándose una traca de cien metros y siendo acompañados por la
"charanga". Las cuotas se establecieron en tres categorías: cinco, diez y
veinticinco céntimos semanales.
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| Primera falla de Sagunto-Ciudad |
Próximas las fallas de 1932 se
dio un baile en el desaparecido "Cine Sagunto" el empresario, señor
Villalba, ofreció la sala gratuitamente. Por votación popular fue
elegida "belleza fallera" la señorita
Consuelo Alcamí, con escaso
margen de diferencia sobre
Josefina Rojas, por la razón de la cual se
acordó el nombramiento de ambos en aquella ocasión.
El "monumento
fallero" se construyó en unos talleres del Puerto de Sagunto, siendo
sus artistas Antonio Blasco y Francisco Fernández. La falla fue
transportada en la ciudad antigua sobre dos bateas cedidas por Altos Hornos del Mediterráneo, S.A.
La historia fue el tema elegido
para la primera falla de Sagunto-ciudad. La invasión de los cartagineses
y la segunda Guerra Púnica. De un gran libro salían llamas que
conseguían más de quince metros de altura, rodeadas de un castillo. Las
figuras eran saguntinos que se echaban al fuego, otros morían a manos de
los cartagineses. Capiteles con alegorías representando a la industria,
la agricultura, el comercio, la música y un avión, a gran tamaño, que
simbolizaba la llegada del nuevo régimen republicano, completaban los
temas de aquella primera falla.
La falla se "plantó" en el Camino
Real, frente al Ayuntamiento, frente a los míticos comercios de Caruana, la Palma, Peña, etc. Las alegorías del trabajo fueron
indultadas y regaladas entonces alcalde
Juan Chabret Bru. El autor del
libreto del qué contiene la falla lo redactó un poeta saguntino,
Manuel Graullera, mejor conocido como Nelo Caguetes.
Durante los años siguientes se consolidaron las fallas, con la creación
incluida de las fallas infantiles. En Sagunto, al 1934 se creó la
primera comisión infantil de la ciudad a la calle de Pacheco, que
recibía el nombre de Pacheco-Santo Miquel. Sin embargo, con la llegada
de la Guerra Civil española, se generó un paréntesis a la fiesta fallera
y no se plantaron monumentos hasta el 1944, siendo la primera comisión
al hacerlo la de la plaza Mayor de Morvedre.

A partir de este momento,
la fiesta fue en aumento en el conjunto del municipio, con la creación de
nuevas agrupaciones falleras tanto en Sagunto como en el Puerto, entre
ellas, La Carxata, La Palmereta o Marina; y el resurgimiento de las
existentes antes de la contienda, como por ejemplo Luís Cendoya. Mientras tanto, en el núcleo histórico las fallas entraron en decadencia,
pasaron de plantar doce en 1948 a tan sólo un monumento tres años más
tarde, el de la Falla Remei. De hecho, desde 1951 hasta el 1955 no se
celebró la fiesta, mientras que en el Puerto era la situación contraria,
con una frenética actividad fallera.
De la creación de monumentos en la
ciudad han salido además varios artistas falleros de renombre fuera de
las fronteras comarcales, como
Vicente Luna, que plantó el galardonado
monumento de la Falla La Naranja, en la Glorieta de Sagunto, el 1967, con
una reproducción muy conseguida del Teatro Romano. Aquella comisión la
formaban un numeroso grupo de trabajadores, de los dos núcleos de
población, de los almacenes de confección de naranja de la ciudad.
También la fiesta fallera se extendió por la comarca a lo largo de los años
cuarenta. Aunque en la actualidad sólo encontramos fallas en Gilet, en el
caso de la subcomarca de la Baronía, no fue esta la primera población a
celebrar. Al 1945 los vecinos de Alfara de la Baronía plantaron su
primer monumento en la plaza de la Iglesia, que construyeron ellos mismos
con la colaboración de casi todo el pueblo. Pero al tratarse de una
localidad pequeña, los grandes gastos que comportaba y la falta de
tiempo para construir la falla desembocaron en la disolución de la
comisión. La noche de Navidad de 1962, una gran helada devastó los
cultivos, y afectó los ánimos del vecinos, que ya no tuvieron bastante
para continuar elaborando los muñecos. Dos años más tarde, se retomó la
plantá de la falla, en esta ocasión en la plaza del Casino.

En
Gilet, las fallas llegaron mucho más tarde que a Alfara. Un niño del
pueblo confeccionó con cajas de cartón de la droguería de su padre un
monumento que representaba la torre Eiffel de París y lo plantó en el
corral de su casa. Y es que su padre,
Alfonso Ros Sancho, había sido
aprendiz de artista fallero, por lo cual organizó reuniones en su
tienda para gestar la creación de la comisión fallera de Gilet, que
plantó la primera falla en la calle al año siguiente. Desde entonces y
hasta nuestros días, en la plaza de la Estrella se ha quemado la falla
de la población a excepción de los años 1984-86.
La subcomarca de Los Valles tuvo su
primera falla en un monumento construido por los más pequeños de Benavites, en 1932. Fue un monumento plantado en la calle –no en el patio– y
construido por los mismos alumnos, con la financiación del ayuntamiento
de la localidad. Incluso se editó un libreto, escrito por el profesor
José María Cuenco. Una falla que no tenía carteles de crítica, tal y
cómo se explicaba al libreto, con la intención de recaudar dinero para
la falla con la venta del mismo manuscrito, por tan sólo un “xavo”.
Después fue el
turno de Quartell, donde
Francisco Soriano y otros vecinos del pueblo
montaron el primer monumento de Los Valles, colocando una plataforma
sobre la cual subieron los muñecos, confeccionados con madera, cartón y
ropa vieja. Como la experiencia fue un éxito, en los años sesenta un grupo de
jóvenes de Acción Católica también de Quartell construyeron monumentos
falleros con el apoyo de la iglesia de Santa Anna. Sin embargo, la
primera comisión como tal, con una duración prolongada en el tiempo, fue
la Falla San Juan, que se plantó desde 1986 hasta el 2009, en la
confluencia de las calles de San Juan y Miguel de Cervantes. Estaba
formada por unas quince familias del barrio, aproximadamente, agrupadas
en turno a la falla como excusa para hacer cenas y otros acontecimientos
de hermandad entre los vecinos. Nunca han participado en concurso, el
presupuesto no los llegaba y preferían disfrutar de la fiesta sin
demasiados gastos, fabricando ellos mismos la falla también a la antigua usanza.
Unos años después de la creación de la Falla San Juan,
nació la
Villa de Faura, en 1994. Es, a estas alturas, la única falla en Los Valles y cuenta con el apoyo de casi todo el pueblo. A pesar de
esto, la tradición josefina en Los Valles es muy antigua, mucho antes de
la aparición de la primera falla contemporánea con muñecos y sátira en
la comarca. Desde tiempos muy remotos, las localidades de la Vall de
Segó quemaban trastos viejos, matorrales y árboles secos la noche de
Sant Josep, en señal de purificación con el fuego, en una especie de
ritos y de veneración al patrón de los carpinteros. Era el mismo germen
que tuvieron las fallas contemporáneas en Valencia, a pesar de que en el
Camp de Morvedre no se desarrollaron en monumentos de cartón hasta muy
llegado el siglo XX. Estas fogatas arcaicas ya no se hacen a la
actualidad.

La
cultura fallera, ya muy arraigada en por la comarca en los sesenta, se
trasladó a las escuelas. En
la capital comarcal fueran los alumnos del Colegio de la Virgen María
de Begoña de los Altos Hornos de Vizcaya, quienes levantaron la
primera falleta escolar. Fue en 1969, en el patio del colegio.
Utilizaban en su construcción, como lo hacen los escolares en la
actualidad, cartones recortados y madera, con papeles coloreados. Con
todo, evidenciaban en la crítica los problemas e inquietudes propios de
la gente de su edad, de forma pedagógica.
Diez años después de
que los niños tuvieron su propia falla en la escuela, también otras
estamentos sociales se iniciaron en la fiesta fallera. La parroquia de
Sant Josep del Puerto de Sagunto plantó su primer monumento en 1979,
recibiendo homenaje a su patrón, Sant Josep, que además es el precursor
de las fallas en Valencia al siglo XVIII. El artista fallero de Canet
d'en Berenguer,
Andrés Alcaraz, se reunía con una serie de amigos al
local parroquial, que bajo la supervisión del rector
Luis Peiró Zarzo,
realizaban la falla parroquial Sant Josep. Entre ellos también se
encontraba el dibujante portño
Antonio Cosín, que ideaba los esbozos y
participaba en la confección de los muñecos. Un trabajo minucioso que
copiaba con todo tipo de detalle la manera de trabajar de los talleres
profesionales, con modelados nuevos con barro, y los moldes con
escayola. La comisión estaba formada por los niños y jóvenes de los
barrios de los alrededores, y aunque no participaba en concurso ni en el resto de
actos falleros oficiales, tenía su propio calendario festivo con despertaes, disco-móviles y orquestas, con gran aceptación. Se dejó de
plantar en 1994.
La Junta Central Fallera de Sagunto
En los
años setenta, la cantidad de fallas en la capital comarcal iba en
aumento. Tanto es así que cada una de ellas organizaba una gran cantidad
de actos que se solapaban sin ningún criterio. Para unificar posturas,
se gestó un ente que aglutinara todas las comisiones de la ciudad. En
1972 se publicó el Estatuto inicial del Fallero, confeccionado con la
colaboración de las ocho fallas existentes en aquellos momentos y
consiguiendo, entre otras cosas, que los falleros y falleras acudieran a
los pasacalles vestidos con la ropa típica regional valenciana, tal
como apuntaba su precursor en una entrevista, el ex-regidor
Luis Cuadau Marco, quién instigó la creación de este organismo fallero desde
el Ayuntamiento de Sagunto.
Y de este modo, inspirada también en
el primer ente fallero que surgió en Valencia, la Junta Central
Fallera, nació en el ejercicio 1971-72 la
Junta Local Fallera de
Sagunto, ahora conocida como
Junta Fallera de Sagunto. Fue presidida
inicialmente por Luis Cuadau y, después, otras personalidades
destacadas de la cultura fallera local han ocupado la dirección de la
Junta, como por ejemplo nuestro fallero
Miguel Àngel Alegría Almiñana.
Contó en un principio con un censo que rondaba los 600 falleros y los
primeros actos oficiales fueron lo entrega de premios y la visita de
cortesía de 1972, o la Cridà de las fallas de 1974, además de la
designación de las falleras mayores de la comarca. Los años siguientes
se realizó la primera presentación de las falleras mayores en el Parque
Victoria del Puerto, así como la primera cabalgata del humor fallero. El
año siguiente se incorporó en la programación festiva la celebración de
la primera Nit d´Albaes, la exposición del Ninot Indultat y la
dispará de una mascletà municipal después de la Ofrenda de Flores a
la Virgen María, iniciada en los años 50 por iniciativa de una falla porteña.

En un principio, tan sólo las comisiones de
Sagunto y El Puerto estuvieron representadas en la Junta Fallera, pero
con el tiempo se integraron también algunas fallas de Puçol, de la
vecina comarca de l'Horta Nord (y que a estas alturas ya no pertenecen
al ente); así como las fallas otras poblaciones de la comarca que han
arraigado también la fiesta fallera, como Gilet o Faura.
Pero,
además de organizar los actos falleros y unificar criterios
protocolarios, la
Junta Fallera de Sagunto también tiene las funciones
de difundir la fiesta fallera fuera de la comarca, desarrollar
actividades culturales y deportivas valencianas de forma que las
tradiciones no caigan en el olvido y se trasladan generación detrás
generación, y así como intervenir entre las distintas comisiones
falleras y la Junta Central Fallera de Valencia o traer los asuntos
jurídicos.
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| Falla de La Victoria, Primer premio JCFS 2014 |
Y con el tiempo, no sólo la
Junta Fallera de Sagunto,
sino las fallas en general del Camp de Morvedre, han tenido una función
no menos importante: la de hacer comarca, pues es de los pocos organismos que aunan a la totalidad del territorio del Camp de Morvedre.
Por eso, cuando se otorgan los premios, la falla ganadora lo es de todo el Camp de Morvedre, y este año 2014, la Junta Fallera de Sagunto ha designado con tal galardon a la Falla La Victoria, en Puerto de Sagunto, y La Palleter se alza como la ganadora de las fallas
infantiles.
La entrega de premios, es el acto más emotivo de las fiestas,
puesto de supone conocer el resultado final de un año de trabajo y
esfuerzos y no siempre las comisiones están de acuerdo con la nota
obtenida por el jurado calificador. Pero la decepción pasa pronto y al
finalizar la entrega de premios comenzará el desfile de las comisiones
falleras por las calles de Sagunto, para realizar la visita de cortesía
a todas las fallas del núcleo histórico.
Fuentes: Paco Quiles Tudón. Falla La Victòria / web Junta Central Fallera de Sagunto / Nacho González Ors