Desde este año, el 13 de septiembre es el Día Internacional de las Cuevas y Karst, de las que el territorio provincial tiene algunos interesantes ejemplos, y una de ellas, está en Azuébar
El pasado 13 de septiembre se conmemoró por primera vez el Día Internacional de las Cuevas y el Karst, una declaración aprobada por la Unesco a finales del 2025 en respuesta a una petición de la Unión Internacional de Espeleología, con la pretensión de dar visibilidad a estos ecosistemas subterráneos que guardan una información muy valiosa tanto del pasado, como de la evolución del planeta y cómo afectan los cambios globales a espacios ocultos a la vista de la mayoría de los mortales.
La provincia de Castellón cuenta con multitud de estas cavidades, la práctica totalidad de las cuales no están al acceso del público en general, a excepción de las emblemáticas Coves de Sant Josep, que más allá del itinerario turístico que cientos de miles de personas conocen año tras año, todavía conservan espacios que solo están al acceso de un grupo reducido de especialistas y que no dejan de desvelar secretos de gran interés científico.
Con motivo de la celebración de ese primer Día Internacional de las Cuevas y el Karts, un reconocido espeleólogo castellonense, Jesús Almela, ha elaborado un pequeño recorrido por algunas de las cavidades más singulares e interesantes del territorio provincial. Seis en concreto, repartidas de norte a sur, que tienen un elemento común que las define: el agua.
Y la primera, en el Alto Palancia, no hace referencia a la Cueva Santa, en cuyo interior se localiza el Santuario mariano a cuya imagen se invoca para que llueva. La cueva más deseada se esconde en Azuébar, donde se localiza la Sima de los Pozos, la cavidad con mayor recorrido de la provincia de Castellón, con siete kilómetros descritos. Jesús Almela cuenta de ella que «es un buen ejemplo de sumidero que sí que alcanza en su base, con 73 metros negativos de desnivel y con la circulación de un río subterráneo.
En su nivel inferior «presenta una red de galerías más o menos jerárquicas, con diferentes afluentes, que provienen de los barrancos del exterior, y una galería principal con dirección este-oeste, que presenta una distancia lineal de 1,3 kilómetros.
Se sabe que las aguas de ese río subterráneo «drenan hacia el valle del río Palancia», aunque todavía no se conoce el origen de su surgencia.
Del Alto Palancia, y tal vez conectadas por el subsuelo, a la Plana Baja. Inevitablemente, en esta comarca las más conocidas son les Coves de Sant Josep de la Vall d'Uixó. Su carácter turístico es una oportunidad para dar relevancia a la importancia del conocimiento de las cavidades subterráneas. Pero Almela se centra en la parte más desconocida. Indica, entre sus características esenciales, que se trata de «una surgencia (nombre científico para definir los movimientos de aguas profundas hacia la superficie) de carácter permanente».
Con tres kilómetros de recorrido descubiertos hasta la fecha, «transcurre remontando un río subterráneo de galerías muy amplias y con pocas ramificaciones laterales». Incide en que su cuenca de influencia «abarca un poco más de 30 kilómetros cuadrados» y especifica que el río se alimenta «durante crecidas, por sumideros o pérdidas próximas al lecho de diferentes barrancos». Técnicamente, la describe como «una gran galería que drena las aguas de un acuífero».
Entre las cuevas que siguen el recorrido del agua de lluvia que se infiltra en el subsuelo, destaca el Engolidor de la Bassa del Quinyó, ubicado en Vistabella, en el macizo de Penyagolosa.
Almela describe que se trata de un sumidero con «un punto importante de infiltración de las aguas», que se encuentra en el extremo norte del polje de Vistabella. Un polje, como lo describe el Instituto Geológico y Miniero Español (IGME), es una depresión kárstica cerrada de gran tamaño, de fondo plano y paredes más o menos escarpadas, y el de Vistabella está considero el más grande de la Comunitat Valenciana.
De esta cavidad, destaca el hecho de que esté compuesta por la intersección de varias diaclasas (rotura o fractura natural de una roca). Con un desnivel que llega a los -11,7 metros y un recorrido de 47 metros. Almela describe que su diaclasa «finaliza por estrechez, lo que no permite el paso de las personas, pero sí del agua». De este lugar destaca que «a pesar de su escaso recorrido explorado, presente un gran interés hidrológico».
En Cervera del Maestre está el Avenc del Pla de Lifrago. Enclavado en un llano, presenta un superficie de roca irregular que está surcada con aristas afiladas, lo que técnicamente se conoce como un lapiaz. Cuenta con una serie de pozos de 13, 47 y 12 metros y alcanza un desnivel máximo negativo de 81 metros. Almela destaca que «es un buen ejemplo de pozo formado por disolución».
El Avenc del mas Nou se encuentra en les Coves de Vinromà. Con unos pozos verticales de 26 metros de desnivel, de sus singularidades, Jesús Almela incide en que «en su base intercepta con un amplio conducto freático de más de 100 metros de recorrido y abundantes espeleotemas».
Entre los atractivos espeleológicos que presenta, describe que la galería inferior «es fósil, mostrando rellenos de sedimentos, coladas y procesos clásticos que denotan una desconexión de la cavidad con el acuífero donde se formó».
Por último, Almela señala la Font del Molinar de Xert. Con más de un kilómetro de recorrido «es la surgencia principal del acuífero de la serra del Turmell». Lo más característico de esta cavidad «son sus morfologías freáticas, con tubos de presión circulares y elípticos».
En las diferentes incursiones espeleológicas que se han realizado, se ha podido describir en su interior «el sifón más largo de la provincia, con 151 metros». Jesús Almela explica que «normalmente, por su entrada no sale agua, al existir una serie de pozos en las proximidades de la boca, que captan agua para abastecer a la población», pero en época de lluvias, se activa «pudiendo estar en actividad varias semanas».
Como suele decirse, no son todas las que están, pero sí que están todas las que son; cuevas que tienen en el agua «el motor de todo, disolución, ampliación de conductos, transporte de materiales, deposición de espeleotemas» y otras formas de evolución y transformación del subsuelo.
De todas ellas y del conjunto de las cuevas existentes, Jesús Almela defiende que «son enclaves privilegiados para conocer de primera mano el subsuelo, los acuíferos y la presencia del agua subterránea, tanto en el pasado, en las cuevas fósiles, como actual, en las activas.






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