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sábado, 12 de septiembre de 2026

EL CORCHO DE ESPADÁN SE HA PERDIDO PARA LOS PRÓXIMOS 45 AÑOS

Los trabajadores de la Sierra Espadán ven peligrar el sustento de su materia prima por los destrozos que ha hecho el fuego en el monte tras el último incendio de la Vall d'Uixó

El incendio forestal declarado el pasado 25 de julio en la Vall d'Uixó quedó extinguido a última hora del miércoles, 2 de septiembre, 39 días después de su inicio, según ha comunicado el 112CV, con la información del Consorcio Provincial de Bomberos.

El fuego arrasó más de 9.000 hectáreas en el entorno de la Sierra Espadán, con un perímetro de 82 kilómetros, tras una intensa lucha de los servicios de extinción para aislar el fuego y detener su avance y propagación dentro de las líneas de control. El fuego obligó a desalojar inicialmente a alrededor de 15.000 personas de 16 municipios: Aín, Alcúdia de Veo, Artesa, Alfondeguilla, Tales, Eslida, Vilavella, Artana, Sueras, Villamalur, Torralba, Ayódar, Fuentes de Ayódar, Chóvar y urbanizaciones de Betxí, y algunas zonas de la Vall d'Uixó. Además, obligó a confinar localidades como Betxí, Onda o la Vall d'Uixó.

Pero al margen de todas estas cifras y daños, el fuego ha provocado numerosas dificultades para los trabajadores del sector primario. Desde que comenzó el pasado 25 de julio, no han sido días fáciles para aquellos vecinos que viven del monte, entre los que se encuentran los trabajadores de la industria del corcho, una de esas profesiones que han visto cómo su lugar de trabajo corría peligro. Una herida que tardará en sanar y que deja una cicatriz de ceniza de más de 9.000 hectáreas y 82 kilómetros.

El alcornocal de la sierra más extensa de la Comunitat Valenciana lleva produciendo corcho desde el siglo XVI hasta hoy en día, pero el incendio ha significado un corte profundo para la industria. Adolfo Miravet, director de Espadán Corks y presidente de la Asociación de Silvicultores de la Comunitat Valenciana, explica que para retirar la primera capa, ahora que se ha apagado el fuego, habrá que esperar mínimo ocho años, y para recoger la segunda trece o catorce años más. Más de dos décadas para conseguir dos tiras que no sirven de nada, pues estará quemada o será muy delgada. Habrá que hacerles podas y dar forma con el tronco. Con suerte, a la tercera cosecha se sacará algo, pero no se podreá volver a sacar corcho hasta dentro de 45 años.

Una experiencia casi para olvidar para aquellos que se han criado en el monte, cerca de la sierra, que cambiarán, más por obligación que por voluntad, el verde de la naturaleza por el negro y el gris de las cenizas. Durante generaciones, la sierra ha concentrado buena parte de la actividad forestal que ha proporcionado ingresos a propietarios, trabajadores y pequeñas empresas, una situación que tardará en volver a aparecer 

La producción, por suerte, no está totalmente perdida. Del total de zona de alcornocales, una de las mayores del país, aún se mantienen en pie alrededor de tres cuartas partes, un motivo de optimismo para la industria que sigue teniendo la posibilidad de mantener su producción pese a la quema de una parte de los árboles que suministraban su materia prima. Se dará el caso de la empresa que se vea obligada a importar su material desde fuera, pero no será la norma, principalmente por el escaso uso que se le da al corcho valenciano.

La fabricación de tapones es el uso más común del corcho extraído de los alcornocales de la Sierra de Espadán. Bodegas de Requena y Utiel utilizan los tapones naturales de cara al embotellamiento del vino que producen. Sin embargo, la bajada de la producción enológica ha provocado que también descendiera la producción al no haber una demanda real que necesite de los tapones. Para el resto de usos no compensa utilizar el corcho de la Comunitat Valenciana, que es más caro y más difícil de elaborar. Solo se usa para tapones, no hay otro valor añadido. Se puede usar para decorar, pero en otros países es mucho más barato que el de Espadán.

Ahora que el incendio ya se ha declarado extinto, todo pasará por la recomposición. Las organizaciones buscarán ser ellos quienes cojan los mandos de la reforestación, una solución que no gusta a Miravet, que también ve como las exigencias burocráticas cada vez son más duras con los trabajadores agrícolas. 


El problema se viene alargando desde hace años. Cada vez hay mas restricciones y se quieren tomar medidas sin tener en cuenta los conocimientos y las actuaciones de los trabajadores del campo. Hablan de la teoría de las sucesiones climáticas que luego acaba en ceniza. Hay que proteger más el alcornoquea. Ahora, con las actuaciones de regreso de la biomasa, busca que deleguen en ellos, en los que más conocen el terreno, trabajadores que pueden aprovechar el doctorado de la experiencia con el objetivo de velar por la biodiversidad que existe en la Sierra de Espadán.

Fuente: Levamte EMV 

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