Pincha ESTE ENLACE para ver mi Curriculum Vitae

lunes, 10 de agosto de 2026

EL FUEGO QUE ARRASÓ EL TÉRMINO DE AZUÉBAR PERMITE AHORA DESCUBRIR UN PATRIMONIO CASI OLVIDADO

El incendio de Soneja saca a la luz un patrimonio oculto entre las cenizas: piden catalogarlo antes de que desaparezca

El incendio forestal declarado el pasado 5 de julio en Soneja dejó más de 180 hectáreas calcinadas, avanzó hasta las puertas de Azuébar, que se vio obligada a evacuar el municipio, y alcanzó parte del entorno de la Sierra de Espadán, movilizando a centenares de efectivos ante el rápido avance de las llamas. El fuego dejó una imagen especialmente dura para los vecinos cuando pudieron regresar a sus hogares. 

Sin embargo, el paisaje permite ahora mostrar otra realidad que permanecía escondida bajo la vegetación: numerosos cucos, casetas, hornos de cal, ribazos y muros de piedra seca vuelven a ser visibles entre las cenizas.

Las fotografías tomadas en el término municipal de Azuébar por un vecino de la zona, muestran algunas de estas construcciones tradicionales rodeadas por el terreno quemado. Son estructuras levantadas mediante la colocación manual de piedras, generalmente sin mortero, que durante años habían quedado ocultas o resultaban difícilmente visibles por el crecimiento de la maleza.

Ante esta situación, se plantea el aprovechar el momento para localizar y documentar los elementos que el incendio ha dejado al descubierto, realizando un trabajo de campo que permita catalogar las construcciones, conocer su estado y estudiar una posible restauración antes de que vuelvan a quedar cubiertas por la vegetación o continúe avanzando su deterioro.

Estas construcciones de piedra seca forman parte de la memoria agrícola y ganadera de numerosos municipios del interior de Castellón. Los muros permitían crear bancales en terrenos con fuertes desniveles, contener la tierra y aprovechar las laderas para el cultivo. Las pequeñas casetas y los cucos servían como refugio, espacio de descanso o lugar en el que guardar herramientas, mientras los hornos de cal estaban vinculados a una actividad que durante generaciones tuvo importancia en el medio rural.

El valor del conjunto no reside únicamente en cada construcción por separado. Muros, bancales, caminos, refugios y otras estructuras forman un paisaje cultural que explica cómo las generaciones anteriores transformaron el terreno utilizando los materiales disponibles y adaptándose a una geografía complicada.

La pérdida de la cubierta vegetal permite distinguir ahora su trazado y su relación con las antiguas parcelas, aunque también deja las estructuras más expuestas a la erosión, las lluvias y posibles derrumbes. Por ello, sería interesante determinar la antigüedad, función, estado de conservación o relevancia concreta de cada elemento, para lo que se requeriría una revisión realizada por especialistas que permita saber qué ha sobrevivido y qué merece ser protegido o recuperado.

El arte de la construcción en piedra seca fue inscrito en 2018 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. La técnica consiste en levantar estructuras mediante la selección y colocación de piedras sin recurrir, por regla general, a materiales de unión como el cemento. Este reconocimiento se refiere a los conocimientos y técnicas transmitidos entre generaciones. No supone que todas las casetas, muros o construcciones existentes tengan automáticamente una protección individual, pero sí pone de relieve el valor cultural de una forma de trabajar profundamente vinculada al mundo rural.

La Generalitat cuenta además con un Catálogo de Piedra Seca de la Comunitat Valenciana que localiza y describe una selección de elementos inmuebles representativos de esta técnica. Al tratarse de una selección y no de un inventario exhaustivo de cada término municipal, la aparición de numerosas estructuras tras el incendio refuerza la posibilidad de ampliar la documentación existente con un estudio específico de la zona afectada.

Una catalogación sobre el terreno podría incluir la ubicación precisa de cada elemento, fotografías, medidas, tipología, materiales, estado de conservación y posibles riesgos. Esta información serviría como punto de partida para decidir qué construcciones necesitan una intervención urgente y cuáles podrían integrarse en futuros proyectos culturales, paisajísticos o educativos.

La prioridad tras un incendio se centra en garantizar la seguridad, evitar la erosión y favorecer la recuperación ambiental. Ahora, varios vecinos de Azuébar proponen que, dentro de ese proceso y con la coordinación de las administraciones y especialistas, se preste también atención al patrimonio rural que ahora ha quedado expuesto. El momento resulta especialmente oportuno porque la ausencia temporal de vegetación facilita el acceso visual y la localización de estructuras que podrían volver a desaparecer bajo el monte en pocos años. Un inventario realizado en estos momentos permitiría conservar un registro incluso cuando el paisaje comience a recuperarse.

La petición no pretende convertir la devastación causada por el incendio en una buena noticia, sino evitar que a la pérdida forestal se sume también la desaparición silenciosa de un legado construido durante generaciones. 

Entre las cenizas de Azuébar permanecen en pie piedras que todavía pueden contar la historia de quienes trabajaron estas laderas. Documentarlas sería el primer paso para que no vuelvan a caer en el olvido.

Fuente: El Periòdic.com 

No hay comentarios:

Publicar un comentario