ESTOY BUSCANDO TRABAJO. Pincha ESTE ENLACE para ver mi Curriculum Vitae

MAGNÍFICA BIOGRAFÍA DE MARIA DE LUNA EN EL BLOG "MUJERES DE LEYENDA"

El Blog "Mujeres de Leyenda" publica una explendida biografía sobre la reina María de Luna.

La protagonista de esta entrada es una figura desconocida en nuestra historia pero entra con honores dentro del grupo de las grandes soberanas que vio la península ibérica. La historiografía moderna la ha calificado con el título de "La Grande", justificado por su prudencia, altas dotes y las cualidades que tenía para gobernar.

Era hija de don Lope de Luna, señor de Segorbe, a quien, por su lealtad y buenos servicios, había otorgado Pedro IV de Aragón el título de conde. María era muy joven cuando su madre se reunió con el rey aragonés para concertar el matrimonio del infante Martín con María de Luna. En el acuerdo matrimonial la condesa aceptaba que su hija fuera llevada a la corte al cumplir ocho años. Con la dote aportada por María ( varias localidades en los reinos de Aragón y de Valencia) y la asignación de su esposo para contribuir a los gastos de la cámara de la infanta ( más localidades en esos mismos dos reinos), se configuró la Casa de María de Luna, que tendría un funcionamiento independiente de la Casa del infante Martín. Los dos jóvenes crecieron juntos a la vera de la reina Leonor de Sicilia, madre del infante.

Once años después se celebraba la ceremonia de la boda, el 13 de junio de 1372. Para entonces María habría alcanzado ya los catorce años. De los cuatro hijos que dio a su esposo: Martín el Joven, Jaime, Juan y Margarita; sólo el primogénito llegó a edad adulta, pero falleció antes que su padre. Los azares de la vida parecían conjurados con la muerte para despojar a María de Luna de todos sus hijos. Al único que vivió reservaba su abuelo Pedro IV un brillante destino, la soberanía de Sicilia, mediante el matrimonio del infante con la joven reina María de Sicilia. Tras la coronación en Palermo de María de Sicilia y Martín el Joven, que recibió el título de rey de Sicilia, una facción de la nobleza siciliana partidaria de los Anjou, se rebeló contra los nuevos monarcas, lo que obligó al esposo de María de Luna a ponerse al frente de una flota y desplazarse a Sicilia para acabar con la insurrección.

En 1397 muere su cuñado Juan I. Con su hijo y su marido en Sicilia, es el momento estelar de María de Luna. Del discreto plano al que estaba obligada por ser la esposa de un segundón, salta al de protagonista. María aprovecha la ocasión y demuestra lo que vale. Primero resolvió el asunto de la reina viuda Violante de Bar que decía estar embarazada: para vigilar si era cierto el estado de buena esperanza, le puso dueñas expertas en el negocio de tener niños. Pero Violante no esperaba ningún hijo, así que María dejó de preocuparse por ella.

Segundo problema, las aspiraciones al trono del conde de Foix. Juana, hija de Juan I y su primera esposa, reclamaba el trono para sí. Haber definido la incapacidad de las mujeres para reinar no frenó a este conde para reclamar los derechos de su esposa. La respuesta de los representantes de las cortes aragonesas fue bastante rápida y decisiva para evitar que esta infanta pudiera acceder al trono. Sin embargo, el conde de Foix no se contentó y preparó la invasión de sus tropas en tierras aragonesas. María de Luna fue la encargada de afrontar este problema, utilizando entre otras armas la diplomacia. Intentó ganarse el apoyo de los reinos de Castilla y Navarra, así como del reino de Francia.

Las tropas del conde de Foix se apoderaron de Barbastro; mas se vieron obligadas a rendirse. La clemencia admirable de María de Luna ordenó que se evitase la batalla pero que se sitiase la ciudad y se interceptase la entrada de víveres. Los condes, así rechazados, escaparon de Barbastro y buscaron refugio en Navarra. María se hacía cargo del trono aragonés pero llamaba insistentemente a su esposo pues veía comprometida la situación y las posibilidades de su marido para llegar a ser rey. El primer cuidado de María fue no sólo reorganizar las defensas del reino bajo su autoridad inmediata sino también enviar recursos a su esposo, que estaba en Sicilia. Cuando en mayo de 1397 llegó su marido, el trono estaba asegurado. Todos los reinos de la corona le aceptaron. La coronación no se produciría hasta dos años después, en 1399, en una ceremonia celebrada con toda brillantez. A los diez días tuvo lugar la de María.

La ceremonia comenzó con una larga y suntuosa comitiva. La reina sobre un caballo blanco, enjaezado con paños blancos, iba acompañada de importantes damas, entre las que destacaban la reina de Nápoles, la condesa de Luna ( su madre) y la infanta Isabel ( su cuñada), y entre las nobles damas, una que tendría más tarde un papel especial en la corte, Margarita de Prades. No faltaban en la comitiva representantes de todos los estamentos sociales de aquel tiempo.

La reina recibió la bendición del arzobispo de Zaragoza, quien también bendijo las insignias reales. Cada una de las tres insignias era llevada en bandeja de oro por una de las tres más nobles mujeres que la acompañaban. Así, la reina de Nápoles llevaba la bandeja con la corona. Se la presentó al rey, quien la puso en la cabeza de su esposa. La infanta Isabel llevaba el cetro y realizó la misma operación, presentárselo a su hermano el rey Martín, quien lo entregó a la reina coronada. Lo mismo se hizo con el pomo, que portaba doña Guiomar, otra noble dama de la corte. No faltó otra insignia, el anillo, que el rey también puso en la mano de la reina. Martín I terminó su participación en la ceremonia con un beso en el rostro de María, quien le pagó con un beso en la mano, símbolo de fidelidad y sumisión.

Hubo una fiesta y banquete extraordinarios. El patio del castillo cobijó una suntuosa celebración laica. Se sirvió la comida en vajillas de plata y copas de metales preciosos. Se colocó un enorme surtidor del que salían tres caños, para vino blanco, clarete y agua. Los manjares servidos fueron muchos y muy bien presentados.

Su intervención en asuntos importantes la ha hecho merecedora de una reputación de mujer dotada de buena capacidad para la política. Se la ha considerado, incluso, superior para las tareas de gobierno que su marido, más preocupado por la cultura y el humanismo. Entre los años 1396-1406, los diez años que fue reina, cooperó en asuntos muy diversos del panorama político, social, económico y cultural de su tiempo, algunos de ellos de extraordinaria gravedad.

Propició las buenas relaciones con Inglaterra y tan pronto como se hizo cargo del reino, envió una embajada al monarca inglés para asegurarse su alianza y borrar las posibles manchas provocadas por el mal acogimiento de los embajadores ingleses por Juan I. María recomendó a su enviado que dijese del rey Juan que “su mujer era francesa y que era todo francés”, pero el rey Martín y ella misma tenían mucho interés en la buena fraternidad y amistad con la casa de Inglaterra.

Otro grave problema que mereció la atención de la reina María de Luna fue el de los payeses de remensa. Estos payeses o campesinos catalanes padecían la opresión de sus señores feudales que les obligaban a permanecer en la tierra que cultivaban y que no podían abandonar a menos que pagaran una cuota elevadísima a su señor, generalmente fuera de su alcance, llamada remensa. La situación de los payeses había empeorado en la segunda mitad del siglo XIV, como consecuencia de la peste negra. Los señores vieron la caída de sus rentas y por ello la opresión a los campesinos dependientes se hizo más onerosa.

La lucha de los remensas para liberarse de sus cargas, especialmente de los llamados “malos usos” se inició a finales del siglo XIV, coincidiendo con el tiempo de los reinados de Juan I y Martín I. La reina consideraba los malos usos como contrarios al derecho divino y humano. Intentó poner remedio a la secular e injusta situación en que se encontraban los campesinos catalanes, pidiendo ayuda a su pariente el papa Luna, Benedicto XIII. El pontífice no tenía ninguna intención de enfrentarse con la alta nobleza y el alto clero por un asunto como éste.

Mujer cercana al pueblo, protegió siempre a los mas desfavorecidos, ayudándoles económicamente, incluso les eximió de impuestos. En esta línea de preocupación por los grupos sociales injustamente tratados, se enmarca su defensa de otras minorías del reino, en concreto los judíos y los mudéjares. Estos grupos padecieron momentos difíciles, pues otra de las consecuencias económicas y sociales de la crisis de la Peste Negra fue la persecución a estas minorías a las que se consideraba responsables de algunos desastres. La reina procuró ayudar en la medida de lo posible a aquellas comunidades judías que estaban en necesidad extrema; tal fue el caso de Biel, Almudévar y Sesa. Una protección similar debió ejercer con los mudéjares, pues hay algunos testimonios del agradecimiento de este grupo social por el tratamiento de la reina, quien reconoce la “cordial et fervent affeccio” que recibía de ellos.

Procuró mediar en las luchas intestinas de los bandos nobiliarios que ensangrentaban Valencia. Continuamente insistía a su marido para que pusiera remedio a aquel problema, yendo personalmente a pacificar Valencia. La reina llevó a cabo otras obras que podrían calificarse de beneficencia, como ayudas a viudas o a huérfanas pobres. Habría que enmarcar las limosnas a monasterios, la ayuda a peregrinos o la fundación de algunos monasterios. La reina quiso intervenir en el nombramiento de algunos cargos eclesiásticos.

La cultura del renacimiento italiano fue introducida en la Corona de Aragón con la ayuda de estos reyes, aunque la corriente humanista italiana no llegará plenamente hasta la época de Alfonso V el Magnánimo. Esposa de un monarca apodado “El Humano”, este calificativo indica el interés de la corte aragonesa por la cultura y su patrocinio a los humanistas de su tiempo. María fue buena lectora y compradora de libros, entre los que se encuentran obras de carácter religioso o musical, que muestra su interés por la música. También comisionó la redacción de algunos libros, destacando la Scala Dei o tratado de la contemplación, escrito por un personaje de la talla de Francesc Eiximenis. Este autor franciscano es un claro ejemplo de la cercanía a la corte de los humanistas más preclaros del momento.

Eiximenis fue consejero de la reina y redactor de algunas obras especialmente importantes para entender a la reina María y su papel en la corte. Eiximenis deja constancia del gusto de las damas de la corte por las canciones francesas. La reina tenía varios músicos adscritos a su cámara, y de vez en cuando visitaban la corte algunos ministriles que deleitaban con sus instrumentos algunas de las veladas de los monarcas y sus acompañantes.

La presencia de músicos, poetas y escritores en las cortes humanistas de estos reyes de Aragón iba acompañada de la presencia de los que pudiéramos llamar hombres de ciencia. Si la reina Violante de Bar fue fiel seguidora de astrólogos y alquimistas, no lo fue María de Luna, mujer mucho más racional y que escapó al influjo de ese ambiente de superstición que invadía a la corte de su tiempo. La postura contraria de la reina hacia la obra de astrólogos y alquimistas es la excepción que confirma la regla de su protección a las otras ramas de la cultura de su tiempo.

Se podría afirmar que ya en el siglo XIV era Francia la impulsora de la moda. Su influencia en la Corona de Aragón aumentó con la llegada de Violante de Bar. Ésta y su sucesora, María de Luna, aparecían vestidas muy ricamente, con telas y paños preciosos traídos de Oriente y encargados en Granada. El gasto en telas, paños, pieles, adornos, sombreros, zapatos, sastres, bordadores, peleteros, era de consideración, tal como reflejan las cuentas de los tesoreros de los reinos.

La reina no gozó de buena salud. El reuma y los dolores de cabeza amargaron muchos de sus días. Falleció de un ataque de apoplejía en el año 1406, en Villarreal, cuando iba a reunirse con su esposo que se encontraba en Valencia.

Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_de_Luna
B.L MIRON, Las reinas de Aragón, sus vidas y sus épocas
http://es.wikipedia.org/wiki/Sibila_de_Forti%C3%A1

Maria Jesús Fuente, Reinas Medievales en los reinos hispánicos
2004 La esfera de los libros S.L

Tomado del blog: Mujeres de Leyenda

4 comentarios:

  1. Me ha hecho ilusión encontrarme con una de mis entradas en tu blog y que además consideres que es un buen resumen sobre su vida, también me agrada, porque no me fue fácil recopilar información sobre esta reina, que a pesar de su gran peso, la historiografía la tiene muy olvidada. Para el mes próximo prepararé alguna entrada más dedicada a María de Luna con la ayuda de la información que me enviaste.

    Un gran abrazo y gracias :-)

    ResponderEliminar
  2. Me alegra que no te halla molestado que copie tu entrada... porque desde luego, se nota que te has tomado muchas molestias para llevarla a cabo.

    Ahora, el que estará espectante seré yo de tu blog, para ver cómo amplias este material.

    Un saludo, y muchas gracias por permitirme copiar tu trabajo.

    ResponderEliminar
  3. Hay más de un trabajo publicado en revistas sobre María de Luna y Martín el Humano. Mirad, por ejemplo, en una revista que se llama MEDIEVAL (en castellano) y en otra llamada El Mon Medieval (en catalán). Podréis observar muchas coincidencias incluso en las fotografías.

    ResponderEliminar
  4. Gracias Vicente por tu comentario.

    Tengo ambas publicaciones (que dicen lo mismo pero en distinto idioma), y si bien aportan algún dato más o distinto al de Magnolia, no hay que menospreciar la labor de esta, que en lugar de copiar y pegar de la wikipedia, se ha empapado en las fuentes indicadas para preparar su trabajo. Y este, al fin y al cabo, no es mas que una entrada de blog, no un libro. No obstante, me consta que está preparando una nueva entrada...

    Como veo que también te gusta la historia sobre esta mujer, te apuntaré dos títulos más publicados de forma monográfica sobre ella:
    "La Herencia de María de Luna:
    una empresa feudal en el tardomedievo valenciano"
    , de Francisco Javier Cervantes Peris, (Ayuntamiento de Segorbe, 1998)

    "María de Luna: Reina de Aragón", de Aurea L. Javierre Mur (Barcelona, 1942)

    Espero que entre todos, consigamos desenterrar la vida de esta gran reina

    ResponderEliminar