La fiesta pretende recuperar la memoria de la labor agrícola del municipio, y compartir la sabiduría entre las distintas generaciones del pueblo.
Los campos de la Villa de El Toro volvieron a llenarse el domingo, 19 de julio, de hoces, carros y trajes de otra época con la celebración de la tradicional fiesta de la Siega y la Trilla, una cita que rememora el origen agrícola de esta localidad del Alto Palancia y que, año tras año, congrega a mayores y niños en torno al campo.
El sol de julio calentaba la espiga cuando más de ochenta segadores, repartidos en cuatro cuadrillas, empuñaron la hoz para recordar que este rincón del interior de Castellón sigue siendo, en esencia, tierra de cultivo. No hubo vencedores absolutos, porque el premio de 300 euros, patrocinado por el Ayuntamiento, se diluyó en un gran almuerzo comunitario que selló la hermandad entre generaciones.
Para los vecinos, esta cita anual no es un mero ejercicio de nostalgia, sino una declaración de principios en el que el municipio mantiene su vínculo con el campo, aunque los cultivos hayan cambiado: donde antes dominaba el trigo, ahora la trufa gana terreno, pero el alma agrícola persiste. La fiesta, organizada con el empuje de los clavarios de San Roque, sirve para que los más jóvenes aprendan a manejar la hoz y los mayores compartan sus saberes, mientras los carros tirados por animales recorren las calles y el atuendo tradicional evoca otras épocas.
La jornada recuperó también otros elementos característicos de la trilla tradicional, con carros, animales y atavíos típicos de otras épocas recorriendo las calles del municipio.
Detrás del jolgorio, hay un mensaje de futuro. El Toro crece en población, camino ya de los 300 habitantes, y que eventos como este refuerzan el sentimiento de pertenencia, y ello favorece la implicación vecinal, que ha sido total, traduciéndose en un pueblo más unido, más fuerte frente al fantasma del despoblamiento que acecha al medio rural.
La fiesta de la siega no es solo un guiño al ayer, sino una apuesta por el mañana: sembrar memoria para cosechar comunidad.


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