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EL MOLINO DE LOS FRAILES, ES DECLARADO EDIFICIO EN RUINA

Una triste noticia para el patrimonio vinculado a la cartuja de Valldecrist. El edifiicio ya sufrió en 2014 la caída de parte del techo también por motivo de las lluvias

El temporal acaecido durante las últimas semanas en las comarcas palantinas ha causado daños en algunos inmuebles patrimoniales de sus municipios.

El peor parado ha sido el sufrido por un histórico edificio ubicado entre Altura y Segorbe, que ya se vio afectado por las lluvias en 2014 que motivaron el desplome de su cubierta, y que ahora, con la caída de parte de sus forjados, inicia un camino sin retorno hacia su ruina total y absoluta. Se trata del Molino de los frailes, más conocido a nivel popular como la Fábrica de los Pinos, o la Fábrica de Muñecas

Los técnicos urbanísticas del Ayuntamiento de la capital del Palancia así lo han determinado tras observar el mal estado estructural del inmueble, que ha motivado el que sea acordonada la zona y, dada su ubicación formando esquina con dos caminos, se haya cortado el llamado camino viejo de Altura y el de la Esperanza incluso para el paso de peatones a pesar de que es un camino bastante transitado.

Se trata de un edificio histórico y singular aunque muy transformado y con muchas ampliaciones, de propiedad privada, con cuatro plantas, que no tiene medidas de protección urbanística aunque están realizadas las fichas para ello, ante el retraso de la aprobación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana.

Se encuentra justo en el límite entre los términos municipales de Altura y Segorbe y esta circunstancia era objeto de broma entre los empleados que en un lugar decían estar en Altura y medio metro más allá, en Segorbe.

El edificio, aunque de origen medieval, fue reconstruido en el siglo XVII por los frailes de la Cartuja de Valldecrist con la función de molino para aprovechar la fuerza motriz que representaba el salto de agua procedente del manantial de la Esperanza. Todavía se conserva a sus espaldas un gran arco de mampostería y sillería que sirve de acueducto. Con la desamortización de mediados del XIX pasó a manos privadas.

Se dice que durante la II República mataron a algunos trabajadores que fueron arrojados a uno de los dos pozos que hay en el patio exterior. También que durante la guerra se destruyó una capilla que pasó a utilizarse como corral de caballos. Fue embargado por la CNT y utilizado como puesto de vigilancia contra el contrabando.

En 1970 se instaló en el edificio la fábrica de porcelana de Ramón y Josefina Inglés, dos escultores de Bétera (Valencia) con renombre en el mundo de las figuras en porcelana. Durante algunos años, la fábrica funcionó a la perfección, hasta en la década de los ochenta, en que el peso que Lladró estaba adquiriendo en el mercado de la porcelana fina y la muerte del dueño, propiciaron su cierre.

Tras el fallecimiento de Ramón Inglés, los muchos objetos que se fabricaron con su firma se han convertido en obras de arte, en piezas de decoración muy apreciadas por anticuarios y coleccionistas particulares. Sin embargo todo quedó en su sitio: maquinaria, hornos, estanterías, embalajes, mesas y sobre todo miles y miles de moldes y pruebas de figuras, piezas para montar, algunas terminadas y almacenadas…

Con todo este continente el edificio fue vendido a una persona que pretendía rehabilitarlo para destinarlo a residencia de niños discapacitados, pero enfermó y el proyecto se quedó en el papel. A partir de ese momento el abandono fue total.

Al quedar apartado del casco urbano de la ciudad fue el objetivo de grafiteros, ladrones, expoliadores, vándalos y también muchísimos curiosos que se veían atraídos por un cierto encanto que representaba las amplísimas salas, de techos muy altos, las luces entrecruzadas y con la presencia de infinidad de ojos de muñecos que parecían seguir sus pasos; pierrots, arlequines, polinchinelas, muñecas aparecían por todos los sitios a lo largo de los metros y metros de estanterías repletas de materiales.

Dicen que en este edificio había algo mágico. Hay quien piensa que se hicieron rituales, que daba positivo en cacofonía. Un visitante aseguró que unos días después de llevarse una cabeza de porcelana, la tuvo que devolver, porque le habían pasado cosas muy extrañas mientras la tenía. Los amantes de lo ajeno forzaron las puertas, arrancaron los balcones, las rejas, las ventanas, los pasamanos, las barandillas; también se llevaron los moldes, y llegó lo peor.

En 2014 se derrumbó la cubierta y hace escasos días se vinieron abajo los forjados. Ahora tan sólo quedan en pie los muros y las fachadas aunque con gran peligro de derrumbe que ha merecido la consideración de edificio en ruina.

Y por desgracia, me temo que en breve, seguirá los pasos de su vecino Batán de Paños, y dada su cercanía a la autovía igual se decreta su demolición.
Fuente: Rafael Martín - InfoPalancia.com / Propia

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