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NO ES PAÍS PARA TODO: REFLEXIONES SOBRE EL MUNDO LABORAL


Por: Albert Ferrer Orts

Apropiándome del título de la película de los hermanos Coen, este me sirve de excusa para introducir -aunque sea brevemente- el clima de desilusión que cualquier trabajador (en particular los que han entrado en la cuarentena o cincuentena - aunque los de menor edad también lo suframos-) prueba cuando comprueba la dificultad de encontrar trabajo. No digamos ya un trabajo que haga justicia a su espíritu emprendedor y formación académica.

Los tiempos en que numerosa población activa podía desarrollar su profesión en una o dos empresas a lo largo de su dilatada vida laboral, pongamos por caso, queda lejano. Lo más habitual de unas décadas a esta parte es justamente el contrario: pasar por un rosario de empresas y saborear de vez en cuando (cada vez con más frecuencia, todo sea dicho de paso) la amargura del paro.

El capitalismo, al menos como se aplica por estas latitudes, no entiende de fieles ni de fidelidades, tampoco de calidad ni de cantidad en la producción, ni de ideas ni proyectos, sólo de rentabilidad a corto plazo y, si puede ser, barato a ligaduras de lo más espurias.

La pasta lo justifica todo y la persona, como tal, se mide únicamente en función del rendimiento que se le prevé a corto y mediano plazo. Si es joven, por serlo y si es adulto, por la misma causa. Unos y otros, por norma general, hemos acabado por ser mileuristas (si se llega, porque por estas latitudes pasa lo de los billetes de 500 €, se sabe que existen pero no se ven...) y con el deseo que los contratos de trabajo se alarguen día a día, semana a semana o, con mucha dosis de suerte, mes a mes. Una clase de limosna servil cuando no propia de un país desvertebrado abocado a la supervivencia.

Esta es la riqueza que se ha generado por todas partes en una sociedad que derrocha su juventud y desprecia la experiencia. Un círculo cerrado que caracteriza el presente y se potenciará sobre manera en el futuro pese al aumento de universitarios con postgrados y el enorme abanico de especializaciones que proporcionan los Ciclos Formativos. Del resto (de los fracasados escolares, por ejemplo), mejor no mencionar no nada.

¿A quien hace falta pedirle explicaciones y responsabilidades? ¿a quienes soluciones y remedios? Mal asunto este, sobre todo cuando a raíz de la reforma laboral la clase trabajadora todavía pierde más cuotas de independencia y, a la vez, la dignidad, si es que todavía nos queda.

No es país para viejos, ni tampoco para jóvenes ni inmigrantes... ¿Por qué y hasta cuándo?

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