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SAN VICENTE FERRER EN LA EDAD MEDIA

Artículo de Francisco Vallejo, extraido de La Gaceta de nuestra comarca

La ruleta del tiempo va marcando la sucesión múltiple de eventos, tanto naturales como humanos. En marzo floreó la primavera y se plasmó el ingenio en las fallas. Abril nos ha traído el aire fresco y depurador de la semana santa, como guinda transcendente, la celebración de la Festividad del Patrón de la Comunidad Valenciana, San Vicente Ferrer(1350 - 1419), que nació en Valencia en plena Edad Media .

Fue un periodo muy largo, que transcurre desde la caída del Imperio Romano (siglo V) hasta la época moderna. Como factores determinantes hay que reseñar: La Invasión de los Bárbaros, arrasando por doquier las vidas, la cultura y las estructuras sociales. La entrada en la península de los árabes en el año 711, zarandeando, también, la vivencia religiosa, la economía y los poderes políticos vigentes.

Todo ello ocasionó que los frailes y los monjes vivieran recluidos en los conventos y monasterios, desarrollando, dentro de sus posibilidades, una gran labor: salvaguardar las obras filosófico-científicas, literarias, históricas etc., sobre todo, de la cultura greco-latina, al tiempo que las transcribían en manuscritos y códices maravillosos en su estética. A esta serie de actividades las bautizaron como “El Mester de Clerecía”, que comprendía una regla áurea, como “modus vivendi”: “ora et labora” (reza y trabaja).

Todo este quehacer es muy loable pero, lógicamente, deficitario y limitado. Toda Europa estaba sufriendo las dentelladas de la Peste Negra. Estaban inmersos en la nebulosa de la ignorancia, por falta de medios económicos y humanos, para poder percibir y asimilar la necesaria información y, como consecuencia, la formación. Y esa fue la causa fundamental de que aparecieran sectas y herejías como la de los albigenses en Francia. Para extirpar esos tumores, los medios que utilizó la jerarquía eclesiástica en consonancia con la nobleza, fueron las torturas y la hoguera, no eran ni humanos ni adecuados. Gracias a que unas veces la Naturaleza y otras la Providencia, en muchas ocasiones, nos proporciona las claves, para la solución de los problemas.

En este caso la clave fue, también, el nacimiento de una estrella, Santo Domingo de Guzmán, que junto a otros intelectuales y religiosos de la orden, como Santo Tomas de Aquino, el mejor teólogo de la Edad Media, San Vicente Ferrer, un auténtico Demóstenes como orador y predicador y otros muchos más, que formaron toda una Pléyade de estrellas, que alumbraron al mundo con su saber “y saber hacer”.

Santo Domingo
como fundador de la orden de predicadores logró hacer un giro copernicano; Impuso como estandarte operativo un lema: “Contemplata aliis tradere” (todo lo que he estudiado o contemplado debo trasmitírselo a los demás). Estructuró un binomio funcional: Contemplar y predicar. Teniendo los conocimientos, sabiendo expresarlos y utilizando las argumentaciones fundamentadas es como, únicamente, se puede convencer a las personas.

San Vicente, además, fue un personaje público famoso en Europa. Intervino a petición de príncipes y reyes en gestiones de estado tanto nacionales como internacionales, como en “el Compromiso de Caspe, en donde fue elegido como rey de Aragón Fernando de Antequera. También fue elegido por los Papas para intervenir en otro asunto, religioso y político, pero de más profundo calado, en la resolución del “Cisma de Occidente”. El cisma es un acto de rebelión que consiste en la separación de la unidad de la iglesia, siglo XIV y XV. Se desarrolló por la consecuencia de varias circunstancias: traslado del Papa de Roma a Aviñón e intervención del pueblo romano en la elección de Urbano VI. La conclusión, para no ser prolijo, es que el mundo cristiano se dividió y compartieron Tiara, al mismo tiempo, tres Papas. Finalmente, llegó la unión con Martín V. El Cisma, como era lógico provocó consecuencias nefastas. Fue una crisis profunda, religiosa y política.

Nosotros también estamos inmersos en otro Cisma, la crisis, que está erosionando nuestra unidad como nación, nuestra Lengua, nuestra economía y el aumento del paro. Ojalá que San Vicente como intelectual y buen político nos ilumine y nos facilite las claves de la solución de nuestros problemas.
Francisco Vallejo. Licenciado en Filosofía y Letras

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